Cuando llegan aniversarios como el de mañana, 14 de febrero, materialmente me dan arcadas. Me pongo malo... porque me afecta como si fuera hoy. El otro día oí que el día que se "jodió" España —palabras no mías sino cita textual— fue el día de la peluca de Carrillo. Con opiniones para todos los gustos, otros han dicho que el día que voló por los aires el coche de Carrero Blanco, otros que que día que murió Franco, otros que el día que murió Adolfo Suárez, otros que el día que tomó posesión Juan Carlos I, otros que el 11-M, otros que el día en el que Sanchez ganó las primarias. Yo sigo sosteniendo lo que dije hoy hace 30 años: «El día que mataron vilmente al hombre que hace honor a su segundo apellido, presidente del Tribunal Constitucional, garante de la ley de leyes: Francisco Tomás y Valiente», nada menos que en sillón de su cátedra.
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viernes, 13 de febrero de 2026
martes, 7 de diciembre de 2021
La Constitución, 06/12/2021
Hoy día 7 de Diciembre de 2021, en la cafetería me senté al lado de
la mesa de dos ancianos. Uno chocolate con churros, el otro café y pitufo con aceite. No sé si al pie de la letra pero en esencia esta fue su conversación:
“-¿Viste en la televisión a uno, ayer día 6, diciendo que le queda el traje viejo?
-¿La Constitución de 1978?
-Sí
- Yo la voté ¿y tú?
- Yo también y la gané, ganamos por mayoría aplastante todos los españoles. Supongo que tú también.
- No, no. Yo voté en contra de esta constitución. La leí despacio y no estaba de acuerdo con unos cuantos artículos.
-¡Ah!
-Pero como soy librepensador y demócrata no tuve más remedio que someterme al resultado de la mayoría.
-Claro, es que los mayores somos más de librepensamiento y demócratas.
-Sí
-Yo no pienso igual que tú.
-¿Tú crees que se debería revisar y cambiar la constitución ahora?
-¿Por qué no? Si hay una mayoría que decidimos cambiar algunos artículos, nos sometemos librepensadoramente y democráticamente y los cambiamos y nada más. Preguntamos en referéndum y lo que salga lo acatamos.
-Ah, mira “pahí”, pues me has dado una idea: Preguntamos en referéndum lo siguiente: ¿Suprimiría usted los artículos 133.1 y 133.2 y los sustituiría por este: “ El Estado no podrá obligar a realizar todos los años el IRPF, dejando a la libre voluntad de los contribuyentes, según su propio y responsable proceder, declarar sus ingresos y gastos y asignar la cantidad adecuada para el sostenimiento de los bienes y servicios públicos?”
-Carajo… Pues… Mejor no tocarla “que es rosa” y solo con tocarla se puede pudrir.
-Estás hecho un poeta como Juan Ramón Jiménez jajajajajajajaja-Jajajajajajajajajajajaja o quizá como Virgilio…”mitte sectari, rosa quo locorum/sera moretur”
lunes, 1 de noviembre de 2021
Rosa Díez opina

- ROSA DÍEZ
- ACTUALIZADO:
Es un hecho indiscutible que la llegada al Gobierno de Pedro Sánchez supuso la inauguración de una etapa caracterizada por una forma de hacer política más propia de un caudillo que de un gobernante democrático.
Atrás quedaron los tiempos en los que, con más o menos énfasis, los gobernantes aparentaban tener límite a la hora de establecer acuerdos que les permitieran alcanzar y/o mantener el poder.
Atrás quedaron los tiempos en los que, por fuerza, por ley o por voluntad, los gobernantes se sometían al control parlamentario de sus actos.
Atrás quedaron los tiempos en los que los gobernantes no se hubieran atrevido a calificar de “socios preferentes” -la forma políticamente correcta de llamar a los cómplices de la traición- a quienes tienen como objetivo liquidar la nación española.
La llegada de Sánchez al Gobierno de España supuso desde el primer momento una ruptura con el espíritu y la letra de la Transición y un cuestionamiento del sistema del 78 que nos dimos los españoles al aprobar la Constitución. No es torpeza, es estrategia. Debilitar a España como nación y enfrentar a los españoles ha sido y es el objetivo del gran impostor para obtener reforzar su poder aunque el apoyo popular para su partido sea cada vez más escaso. Divide y vencerás es el lema del sanchismo.
Sánchez llegó al poder –primero en el PSOE , su banco de pruebas, y después al Gobierno- con el objetivo de culminar la estrategia diseñada y emprendida por Zapatero de hacer una segunda transición en la que el protagonismo –y el liderazgo- recayera en quienes trataron de boicotear la primera, en quienes se autoexcluyeron y en quienes llegaron a asesinar para impedir que en España se consolidara la democracia.
Sólo hay que hacer memoria para confirmar que esto es así. Los hechos acaecidos desde que Sánchez aprovechó un párrafo introducido por un juez amigo en una sentencia -que los tribunales obligaron posteriormente a retirar- acreditan esa pulsión rupturista de la convivencia entre españoles que inauguró Zapatero y a la que ha consagrado su vida Pedro Sánchez. Enfrentar a los españoles, resucitar las dos Españas, romper la unidad de la nación que garantiza la igualdad a todos los españoles, liquidar la separación de poderes, huir del control parlamentario, situar como socios preferentes y en el centro de las políticas de Estado a los enemigos del Estado -ya sea porque han dado un golpe que prometen repetir, ya sea porque se sienten herederos orgullosos de quienes han asesinado a 857 españoles inocentes- ha sido la constante del Gobierno que preside este gran impostor que es hoy el propietario del otrora Partido Socialista Obrero Español, convertido en una sociedad limitada cuyas acciones pertenecen a la familia Sánchez-Gómez.
Todas las luces de alarma debieran estar encendidas a estas alturas. Nos equivocaremos si juzgamos los últimos episodios alrededor de los “acuerdos” para sacar adelante los Presupuestos como un ejemplo más de mercadeo en el que los nacionalistas siempre sacan beneficio. Ya no se trata únicamente de dar más dinero a aquellos que lo utilizarán para dividir y establecer mayores cuotas de desigualdad entre españoles, a quienes despilfarran, a quienes levantan fronteras dentro de nuestro país… Todo eso, siendo importante, no es en este momento lo más grave. La traición perpetrada por Sánchez desde que llegó al Gobierno se visualiza con toda crudeza en las cuentas públicas de este año: siguen sumando cesión de soberanía a favor de quienes tienen en su ideario político la ruptura de la unidad de la nación. Repasen las cesiones conocidas a día de hoy –después vendrán otras- a los nacionalistas del PNV y a los golpistas de ERC. Todas ellas, desde la gestión del Ingreso Mínimo Vital, las prisiones o la Seguridad Social a las cuotas de lenguas cooficiales en Netflix o HBO, representan, sobre todo, cesión de soberanía.
Atrás quedaron los tiempos en los que los Gobiernos buscaban acuerdos y socios para sacar adelante sus propuestas. Hoy los Presupuestos (como el resto de leyes importantes, piensen por ejemplo en la de Educación) se elaboran con el objetivo de debilitar al Estado y su capacidad para garantizar la igualdad entre españoles. La ruptura de España es la ruptura de la cohesión entre ciudadanos, entre generaciones y entre territorios. No hace falta dibujar mapas o fronteras nuevas; si se rompe la igualdad y la cohesión entre españoles, se rompe España. Y ese es el camino diseñado y puesto en marcha por Sánchez y sus cómplices. Porque, llamemos a las cosas por su nombre, desde que Sánchez lo preside el Gobierno de España no tiene socios sino que tiene cómplices, lo que resulta coherente teniendo en cuenta que ha sido condenado tres veces por el Tribunal Constitucional por cometer actos que vulneran los derechos fundamentales de los españoles.
Esto es lo que hay. Un Gobierno que nos está robando los derechos de ciudadanía y que lleva años limitando –o suspendiendo, como acaba de sentenciar el TC- nuestra capacidad para intervenir a través de nuestros representantes en los asuntos que nos afectan a todos.
Sí, es lo que hay: una nación de ciudadanos libres e iguales que un grupo de socialistas, borrachos de ambición de poder y ayunos de escrúpulos, ha puesto en venta. No sé qué más tiene que ocurrir para que actuemos en defensa de la obra de varias generaciones de españoles que se empeñaron en soldar y cohesionar el país. Orwell decía que las sociedades no se rebelan hasta que no tienen conciencia de su fuerza. ¿Será que Sánchez y sus cómplices están consiguiendo que nos resignemos y tiremos la toalla? Espero que no.
domingo, 5 de mayo de 2019
La clase de política.
domingo, 6 de enero de 2019
Las próximas elecciones.
Venga, a decidir.
miércoles, 16 de mayo de 2018
Los políticos independentistas
sábado, 21 de abril de 2018
Carta a mi alumno Vivente Pineda.
viernes, 13 de abril de 2018
El currículum de los candidatos a diputados
viernes, 8 de diciembre de 2017
Lección dada a Pablo Iglesias
Por Manuel Pastor Martínez http://lacritica.eu/noticia/1314/manuel-pastor/carta-abierta-a-pablo-iglesias-sobre-el-fascismo.html Estimado Pablo: Aunque, según creo recordar, fui profesor tuyo de una asignatura sobre el sistema político de los Estados Unidos –asignatura que personalmente apoyé que se incluyera en el plan de estudios de la licenciatura en Ciencias Políticas–, creo que no fuiste alumno mío en otra asignatura que enseñé durante casi tres décadas, Ideologías Políticas, en la que dedicaba bastantes clases a un análisis histórico y politológico, lo más riguroso y objetivo posible dentro de mis capacidades y el tiempo disponible, del fascismo. Otros compañeros, colegas tuyos –y alumnos míos– de aquellos años, ahora también en la pomada política, lo recordarán: Ignacio Cosidó, Javier Fernández-Lasquetty, Rafael Simancas, Juan Carlos Monedero, Ariel Jerez (Carolina Bescansa, creo, fue alumna mía en Doctorado), Rita Maestre, Ramón Espinar… Incluso la infanta Cristina de Borbón y Grecia. Modestamente, he dedicado al topic como dicen los americanos muchos años: desde mi tesis doctoral en 1976 (que se plasmó parcialmente en dos libritos publicados) y aproximadamente una veintena de artículos y ensayos hasta la fecha. Pero lo importante no es lo que he escrito sino lo que he leído en cuarenta y seis años de profesor universitario. Creo que todo ello me cualifica como un humilde “especialista” español en la materia. Nunca me propuse escribir una obra sistemática y general sobre el fascismo porque, entre otras razones, ya existen varias excelentes, y entre ellas la de mi maestro y adviser en la Universidad de Wisconsin, Madison, mientras investigaba para mi tesis doctoral, el historiador e hispanista Stanley G. Payne. Autor de varios libros sobre el fascismo en general y el falangismo/franquismo en particular –como ha reconocido el escritor y fascistólogo Jonah Goldberg– Payne es probablemente el máximo experto vivo, especialmente con su enciclopédica obra, de obligada referencia, Historia del Fascismo, 1914-1945 (Planeta, Barcelona, 1995; edición en inglés: A History of Fascism, 1914-1945, University of Wisconsin Press, Madison , 1996). Permíteme, Pablo, que te dé una pequeña clase “diferida” (más vale tarde que nunca), en tono coloquial pero con fundamentos académicos, sobre el fenómeno de que hablamos. Pero, eso sí, te ruego no caigas otra vez en la vulgaridad de usar el adjetivo fascista, como ha sido característico de las izquierdas, como mero insulto político. No voy a proponerte ninguna definición, y este espacio en el que escribo tampoco permite largas disquisiciones. Podría usar distintos enfoques, pero voy a adoptar uno que te resultará familiar por tus querencias ideológicas marxistas-leninistas. Los autores que cito pertenecieron a ese movimiento en el que tú has militado o militas (ignoro los matices de tu evolución personal hasta la fecha). Aunque algunos renegaron finalmente del mismo, todos conocieron muy bien la teoría y la práctica de lo que históricamente se implantó, precisamente hace ahora cien años, en Rusia: el comunismo. Lenin ya intuyó en 1912, en un artículo escrito para Pravda en el exilio suizo, que Mussolini –elegido líder del socialismo italiano en el congreso de Reggio Emilia– era lo más parecido a un bolchevique en Occidente. Mussolini a su vez imitará a Lenin en 1922 al conquistar el poder por métodos extraparlamentarios (para ambos episodios, véase Paul Johnson, Modern Times, Weidenfeld & Nicholson, London, 1983). En 1934 Stalin sorprenderá a sus camaradas en el vértice del poder soviético por sus comentarios admirativos hacia Hitler (“Nuestro colega Hitler… ¡Espléndido!”) con motivo de la matanza de opositores nazis en la Noche de los Cuchillos Largos (véase Simon Sebag Montefiore, Stalin. The Court of the Red Tsar, Weidefeld & Nicholson, London, 2003) y en correspondencia en años posteriores le felicitará por su “decidida brutalidad revolucionaria” anti-burguesa (P. Johnson, ob. cit.). Stalin fue un maestro, a través de la Komintern, en aplicar propagandísticamente el calificativo fascista, más bien como insulto, a fenómenos políticos muy diversos: “socialfascistas”, “anarcofascistas”, “liberalfascistas”… finalmente a los propios opositores comunistas durante el Terror (Procesos de Moscú, liquidación del POUM en España) entre 1935-38. En su permanente batalla contra Trotsky, el concepto de “Socialismo en un solo país” desde 1924, combinado con el nacionalismo gran-ruso, se aproximaría notable y progresivamente al “nacional-socialismo” de los fascistas y nazis. Así lo percibió claramente Trotsky en su obra clásica La Revolución Traicionada (1936), en la que afirmó que el estalinismo y el fascismo eran sistemas simétricos. El pacto Totalitario Hitler-Stalin de 1939 resultó inevitable. El término totalitarismo había sido empleado en 1918 por Alfons Paquet en referencia a la dictadura de Lenin en Rusia; aunque había importantes diferencias, en 1923 lo empleará Giovanni Amendola referido a la dictadura de Mussolini en Italia. Desde 1939, dos importantes intelectuales americanos de inspiración trotskista pero ya ex comunistas, James Burnham y Max Eastman, elaborarán un análisis comparativo y una teoría del Totalitarismo a partir de los dos sistemas más radicales y criminales, el comunismo y el nazismo. Max Eastman en su obra Stalin´s Russia (1940) y James Burnham en The Managerial Revolution (1941), ofrecen esquemas interpretativos que con matices y distingos asumirán un gran número de historiadores, sociólogos y politólogos hasta nuestros días. Fundamentalmente el comunismo y el fascismo comparten un mismo rechazo del capitalismo, la cultura burguesa occidental, el sistema democrático parlamentario y los derechos y libertades individuales. Su preferencia por un fuerte estatismo, la dictadura, el partido único, la policía política, los campos de concentración, incluso el anti-semitismo y la represión de las minorías, etc., son comunes. Las ideologías políticas respectivas se relativizan en función de su utilidad para el poder y, como consecuencia, se reducen a una exaltación del líder carismático y un populismo para consumo de las masas. Nada hay, por tanto, de “derechas” en el fascismo/nazismo. Pablo, espero que estas notas te sean útiles en el futuro para que tú y tus colegas empleéis el término fascismo con mayor rigor, y dejéis de usarlo gratuitamente, como cuando siendo adolescentes hacíais en las asambleas de la Facultad, desinformados o manipulados por algunos profesores progres, emulando a Stalin y la “agit-prop” de la Komintern. Manuel Pastor Martínez Catedrático de la Universidad Complutense de Madrid |
viernes, 29 de septiembre de 2017
Es difícil engañar a los viejos.
jueves, 7 de septiembre de 2017
Conseguimos la libertad
domingo, 9 de julio de 2017
Conversación de ancianos en el paseo marítimo.
sábado, 1 de abril de 2017
El profesor de Pablo Iglesias y de Monedero ( 2 )
Supongo que será porque al lado del maestro los discípulos estarían en tal inferioridad intelectual y científica que no habría más que una lección magistral del Catedrático sin capacidad de réplica, pero solo lo supongo porque no ha habido ocasión de presenciarlo.
Cuando uno lee las fuentes directas se le caen de repente los palos del sombrajo.
Supongo que los discípulos no aceptarían un debate con el maestro de la misma manera que supongo que ninguno de mis alumnos aceptaría discutir conmigo cualquier tema que les enseñe en mis clases. Por ejemplo, ningún osado se atrevería a llevarme la contraria en cuanto a la arbitrariedad del signo lingüístico según Saussure, u otro cualquier tema que les califiqué y que les dí por sabido antes de darles el paso a la Selectividad Universitaria.
Pero, ya que ninguno de sus discípulos aceptaría tal debate, ¿por qué no invitan a algún político que no haya tenido que calificarlo, por ejemplo a cualquier otro defensor de la bandera tricolor de la II República?
Para forjarme una opinión basada en las fuentes directas, me gustaría ese debate, de este Catedrático de Ciencia Política de la Universidad Complutense, con Alberto Garzón, por ejemplo, porque oír por separado lo que dicen unos y otros no da suficientes luces, ya que, por separado cada cual dice o escribe lo que está acorde con su manera de ver las cosas.




