domingo, 20 de septiembre de 2015

Premio al mejor albañil


Cuando he leído que Trueba ha “trinca” los 30.000 eurazos  de los impuestos que pagamos todos, y no sé qué más ha seguido diciendo, me ha venido a la mente un pequeña anécdota personal…

Hace unos años terminamos Eusebio, el albañil, y yo haciendo de peón, esta pared de piedra. Me sorprendió que Eusebio se quedara mirándola  desde distintos ángulos como si contemplara el Partenón al tiempo que me decía: 

— “¡Qué bonita, y así, de soslayo, todavía más preciosa…!

Aún me sorprendió más su léxico: “de soslayo”. A lo que yo le contesté:

— “Tendría que haber un premio nacional con dotación económica para el mejor albañil”.

Eusebio sonrió y me dijo:

_”Los premios sólo los han hecho “pa” ellos…”


 Y no le seguí preguntando a quiénes se refería….

viernes, 11 de septiembre de 2015

España en una imagen

Me preguntó el profesor García de la Coba, qué me impresionó de este cuadro abstracto:


Y yo le respondí:

El estallido de color. La explosión contenida. El simbolismo del color. La proporción de lo simbolizado en los colores.. El predominio cuantitatvo roji-gualdo entreverado por un tinte morado producto del envejecimiento del carmin, y una anarquía del color organizada no por el cerebro humano sino por el arrastre implacable de la naturaleza. Un querer destruir sin que las fuerzas destructoras lo consigan por la plenitud de todas las casillas llenas de la estructura sin que quede lugar vacío para que una pieza extraña intrusa ocupe un lugar en la estructura forjada por los españoles durante siglos. Y sobre todo un reflejo de solidez expresado no tanto por el consciente freudiano, sino por el subconsciente e inconsciente del autor, más como un deseo que como una realidad conseguida. sin ninguna atadura, con absoluta espontaneidad. Creo que lo que habría que expresar con largos y deseosos discursos para exponer la realidad de la España actual, está expresado en su totalidad y sin faltarle un detalle en una simplificación como esta. En definitiva, el deseo imperioso de que la explosión contenida no se desborde del marco recio de la historia reforzado por el "pas-par-tú" de los héroes pasados que dejaron su sufrimiento como legado para las generaciones futuras, que son las presentes. Creo que es el exponente de una otra de arte ingenua en su realización pero de una fuerza expresiva inigualable, la obra de arte perfecta que la componen entre dos: entre el autor y el visitador del museo y hay tantas obras de creación artística en ella como visitantes. Es la creación del universo en el anonadamiento de su inmensidad contemplada por el ser humano desde que es humano. Es la mejor lectura de la paradoja del ser humano con un cerebro aparentemente pequeño y contenido en una esfera ósea dura y aparentemente impenetrable a la vez que abierta a través de los sentidos a la inmensidad cósmica. Por supuesto, este cuadro no es mío aunque lo firmaría de buen grado. Más que un cuadro abstracto es un cuadro de pintura descriptiva de la complejidad de la naturaleza humana. En definitiva, es un cuadro incontaminado: pura creación, arte puro. La masa en el sentido ortegiano es un conglomerado donde, por lo menos hasta el momento actual han podido convivir todo el espectro de personalidades. España es un resumen de Severo Ochoa, Antoni Gaudí, García Lorca, Pau Casals y el cojo Manteca. ( por supuesto, el cuadro no es mío, qué más hubiera querido yo...)

viernes, 21 de agosto de 2015

Monserrat Corulla miente

Cuando uno oye brutalidades como la que dice M. Corulla: “Franco envió trenes de andaluces para diluir a los catalanes”, se ponen los vellos de punta  porque yo estaba allí y no es cierto. Entonces, los mejores albañiles (en Barcelona se les llamaba “paletas”) eran andaluces, y esa es la razón por la que los constructores de Cataluña contrataran a los mejores albañiles.

También la casi totalidad de los maestros eran del resto de España. Los mejores maestros eran andaluces, extremeños, gallegos, leoneses... 


    El año 1969 yo trabajé tres meses en Barcelona, por eso hablo con conocimiento de causa. La directora del colegio  y un maestro eran catalanes, y entre ellos hablaban catalán y les hablaban en catalán a los alumnos que tenían el catalán como lengua materna. El resto de los maestros éramos del resto de España. Es mentira que se prohibiera hablar catalán. Lo cierto es que por por motivos prácticos evidentes la enseñanza era en castellano.Eran muy pocos los maestros nacidos en Cataluña porque la profesión de maestro era despreciada ya que ganaban pocas “pelas”. “Maestro no” -decían los padres a los hijos-, “ingeniero para la industria, o perito textil u otra profesión más lucrativa, como viajante por el resto de España" para vender las mercancías fabricadas en Barcelona, eso sí -les inculcaban-. Faltaban maestros en Cataluña y solicitaban maestros de toda España, los mejores y más jóvenes. Ni aun así cubrían las necesidades para seguir alfabetizando Cataluña, de manera que crearon la figura de “·Maestro Sustituto Idóneo”, que sin tener el título de maestro, pero sí el de bachillerato y siendo estudiante universitario, se podía ejercer como maestro titular de una Escuela Pública para cubrir las bajas por enfermedad o los permisos de tres meses por asuntos propios de los Maestros Propietarios, que así se llamaban. A mí me llamó una empleada de la Delegación de Barcelona para sustituir tres meses; y como yo quería ser docente no dudé en interrumpir mis estudios universitarios (ahora, a eso le llaman “practicum”) durante los tres meses que duró la sustitución. Por cierto, no recuerdo cuánto, pero sí recuerdo que era una miseria lo que ganaba, para pagar la pensión y los viajes de ida y vuelta a Salamanca.Yo necesitaba una máquina de escribir y pensé aprovechar lo que me sobrara para comprar la “Olivetti”, pero ni siquiera pude comprármela. En esos tres meses enseñe a leer a 45 niños de seis años durante el primer trimestre del curso. Lo que no sé, pudiera ser, es si estaba entre ellos el señor Mas y la señora Corulla, que habla tanto. No recuerdo si había un Mas y una Corulla en la clase, pero no me suenan extraños esos dos apellidos.

    Ah, y la máquina de escribir la compré el siguiente verano después de trabajar de camarero de un hotel, “Hotel Roger de Flor”, también en Cataluña, en Lloret de Mar, para más señas, de camarero “somelier”. El sueldo cuadruplicaba al de un maestro, más las propinas. Mis compañeros eran los mejores camareros de España, sobre todo de Canarias. No había apenas camareros catalanes tampoco. El “metre” señor Cesar, y los directivos del hotel sí eran todos de ocho apellidos catalanes. Compré una “Olimpia” con la que escribí miles de folios, y todavía la conservo como pieza de mi museo. Es mentira lo que dice M. Corulla, una burda mentira.

martes, 28 de julio de 2015

Los jueces

Los jueces deberían estar aislados del mundo, en un cenobio, o en un  laura, dedicados a su labor y nada más, sin escuchar a juglares y pregoneros, ni oír a tertulianos sentados  ociosos en las esquinas de la plaza,  deberían estar incontaminados, deberían ser ascetas próximos a la mística, célibes y consagrados a su función de la distribución absolutamente objetiva de la justicia,  sin más distracción que el concierto de los pájaros al amanecer como recreo diario, y cuyo bien personal fuera solamente la espera del mayor premio que el ser humano puede esperar: el premio de la dignidad. Y a pesar de todo seguían siendo humanos. A veces dan ganas de blasfemar no contra la Divinidad sino contra el ser humano. Habrá que reprimirse porque blasfemar contra el ser humano es lo mismo que blasfemar contra Divinidad. (personaje de “Las piedras de Yahvé”)

viernes, 5 de junio de 2015

Los héroes

Las dificultades son la medida de los héroes: Lo peor de los héroes es que son muy pocos los que transmiten los genes porque la mayoría muere en la primera línea de la batalla. Por eso esta sociedad humana es lo que es, porque la mayoría somos descendientes de los más cobardes que abandonaron y se escondieron:

20 MINUTOS 4/6/2015




UPyD Cieza manifiesta que el programa electoral de las elecciones municipales es un "contrato" de cara a sus votantes El grupo local de Unión, Progreso y Democracia (UPyD) de Cieza ha definido las acciones de los próximos meses referentes a política local tras la primera reunión, posterior a las elecciones municipales, y ha señalado que el programa electoral de las elecciones municipales es un "contrato" de cara a sus votantes. ECO  Poca actividad social ¿QUÉ ES ESTO? 0 0 8   0 EUROPA PRESS. 04.06.2015 El grupo local de Unión, Progreso y Democracia (UPyD) de Cieza ha definido las acciones de los próximos meses referentes a política local tras la primera reunión, posterior a las elecciones municipales, y ha señalado que el programa electoral de las elecciones municipales es un "contrato" de cara a sus votantes. Ampliar foto Los simpatizantes y afiliados mostraron su satisfacción por la presentación de una candidatura de garantías en un tiempo limitado y la presentación de un programa electoral "serio y viable", con las iniciativas y propuestas de estos últimos años de actividad, según informaron fuentes de UPyD en un comunicado. García Molina ha querido "agradecer a los ciezanos que han depositado su confianza en UPyD prestándonos su voto" y quiere trasmitirles que su programa "es un contrato, un compromiso que intentaremos llevar a cabo y que no tengan duda que llevaremos nuestras propuestas al nuevo equipo de gobierno que finalmente se configure". Además, ha reclamado a los partidos políticos con representación en el consistorio que "deben tener el máximo espíritu de entendimiento para que los ciezanos tengan una legislatura con un equipo de gobierno estable en el que primen los intereses de la población y no los cálculos políticos de los propios partidos".

jueves, 4 de junio de 2015

Las piedras de Yahvé


CAPÍTULO I
Siempre me había creído invencible. Caer prisionero lo había considerado de ruines y cobardes.  Tanto en el mar como en tierra no teníamos rival, pero nos socorríamos mutuamente y nos comunicábamos por el silbido con un sistema de signos que inventamos y que nadie conocía más que nosotros dos. Gracias a ello nos salvamos la vida varias veces el uno al otro.

En la última batalla que libramos nos vimos muertos momentos antes de zafarnos . Nadie nos ganaba a nadar,  ni a escabullirnos bajo el agua. En los entrenamientos cubríamos nuestro cuerpo con manteca de cerdo mezclada con arcilla para resistir el frío en los duros inviernos. Aquel día, con el fragor de la lucha no sentimos ni el más mínimo síntoma de congelación.



Después de haber sufrido el asalto  a la más poderosa de nuestras naves, La Roselle, en el que los alaridos de los heridos se confundían con los silbidos del viento en las velas, cesó la tempestad y se apartaron las nubes.  Un sol espléndido hizo brillar los borbotones de sangre entre estertores de los últimos moribundos que quedaron inmóviles. 
Nos miramos sorprendidos celebrando que éramos los únicos supervivientes de aquella carnicería. 
Sendas camisas hechas jirones,  pero ni un sólo rasguño en la piel. ¿Tendríamos que salir a nado? La nave estaba embarrancada y las velas se habían rasgado de arriba abajo. La costa estaba lejana pero la divisábamos. Hicimos planes para llegar a tierra. Tendríamos que fabricar un bote con los pellejos de la bodega. 




Hugt, a pesar de haber gozado de mi misma suerte, me lo discutía vehementemente, sobre todo, después de haber sido nosotros dos los únicos supervivientes del último asalto vikingo  a la más poderosa de nuestras naves: “La Roselle”. Hay quien dice que  el nombre de la nave se cedió al puerto de La Roselle, y otros defienden lo contrario, que el nombre del puerto dio nombre a la nave, por lo que, tras discusiones sin cuento, algunos han llegado a matar a quienes les contradecían, pero nunca se ha sabido por qué sólo un nombre, el nombre de una nave o el nombre de un puerto  en el que apenas una docena de familias pescadoras comenzaron su vida y allí la consumieron hasta el fin de sus días, había sido el causante de tanta sangre derramada en los más feroces peleas.

Hugt y yo no discutíamos ni por el nombre de La Rochelle, ni por nimiedades semejantes por las que todo el mundo discutía, sino por  lo que, desde niños, nos habían inculcado como el más alto concepto de grandeza encarnada en quien nunca había caído prisionero del enemigo, la mayor humillación en la que podía incurrir un caballero o un marinero. Nosotros estábamos preparados para la lucha en tierra  y en el mar.

La noche anterior a nuestra derrota, zanjando la disputa, Hugt me gritó: “Hasta que no te estrelles de bruces y te abras la cabeza no te convencerás de que sólo es suerte lo que nos ha acompañado en las batallas. Guerreros más fuertes que nosotros y de mejor corazón han muerto retorcidos de dolor y desangrados por la mala fortuna de un resbalón o unas simples briznas  que han cegado sus ojos  en la lucha. ¡ Muchos  guerreros han caído únicamente por su mala suerte!” 

Sin duda , Hugt era mucho  más realista que yo, de nacimiento, porque habíamos recibido la misma educación. Yo era más soñador  y me enfadaba cuando perdía en algún juego. No soportaba que me ganara nadie a nada, incluso Hugt, cuando disputábamos la puntería con el arco o con la lanza. Yo, sin ceder en mi arrogancia, terminé altanero resistiéndole la mirada, sin palabras.

Al día siguiente, cuando me vi atado de pies y manos y un capuchón de saco que me cubría toda la cabeza, quise tenerlo delante para pedirle disculpas por mi tozudez pasada.  Había dejado de ser joven y me convertí, de pronto, en un guerrero veterano que iba a ser ejecutado. Los vikingos no perdonaban la vida a quien había matado a alguno de los suyos. El ajetreo de ires y venires que me circundaba  durante el trayecto profiriéndome insultos  en su lengua endiablada de los que entendí “muere hijo de perra”, después de haberme transportado durante un buen rato encima de una carretilla, no sabía si correspondía a la tramoya del patíbulo, o a la cocina de un castillo, porque olía  a una mezcla de chamusquina con caldereta de carnero. No podía ver nada, aunque la claridad se trasparentaba por el saco. Una ráfaga de viento, metió en mi garganta los vapores grasientos que me hicieron toser hasta romperme la gorja. Alguien me dio una patada en las costillas, lo que me obligó a respirar profundamente hasta sentirme ahogado. Supuse que era el suplicio al que me sometían antes de una muerte lenta y asfixiante, sin sangre.  Intenté prepararme para sufrir y resistir hasta el último momento por si hubiera posibilidad remota de un providencial rescate. 

No recuerdo claramente lo que se me pasó por la cabeza obnubilada por el terror que nunca había sentido. Me rebelaba contra el cielo, contra toda mi existencia, y en un momento hasta contra mi padre por haberme engendrado. Sentí un dolor intenso en todo mi cuerpo que me obligó a gritar olvidando el pudor y la vergüenza.

En ese momento recordé con nitidez la burla que había hecho de mi hermano Godfrey de Saint Omer, el monje, cuando me instaba a reconciliarme con Dios arrepintiéndome de mis pecados y a confiar en su misericordia infinita por más pecador que hubiera sido. Quise sentirlo a mi lado y pedirle perdón sumiso. De nuevo me cambiaron de lugar después de una breve conversación en su endiablada lengua envuelta por el chirriar de la rueda de hierro. Durante el trayecto seguían hablando entre ellos. “Aquí” -le entendí- y me volcaron como a un fardo contra la pared. Caí encima de alguien que trataba de deshacerse del peso de mi cuerpo sobre sus costillas. En ese momento palpé una cuerda y unas manos atadas, igual que las mías, a la espalda. Cuando se alejaron las voces, le susurré: “¿Quién eres? ¿Puedes entenderme?” Sordo no era, porque me contestó con un alarido entrecortado , pero parecía mudo.  Después, solamente barbotaba aullidos inarticulados. Rebullía como si quisiera acomodarse en una postura más llevadera.  Se fue deslizando hasta que llegó  a poner su cara en mis manos. Cuando me disponía a intentar desatarle la cuerda que le cruzaba la boca, sentí un picotazo en el cuello. Me quedé inmóvil y supuse que alguien me amenazaba en silencio con  la punta de una espada o de un cuchillo. Me hizo rodar de una patada mientras rompió su silencio para seguir conversando con alguien en agitado diálogo. Intuí que discutían si cortarme el cuello o meterme de cabeza en el mar por los zarandeos a los que me sometían: el rias-rias  de una piedra afilando un hacha o una espada me traspasaba las sienes. Las zambullidas en el agua  apretándome el cogote contra el borde del barreño cada vez eran más largas y en la última , eterna,  creí que me había reventado  el pecho por contener la respiración hasta ahogarme. Traté de serenarme pero no podía despegar los dientes y me descompuse en una descomunal diarrea.  Antes de montarme de nuevo en el carretillo junto con el hombre de la mordaza  para subirnos a la carabela me desnudaron. Sentí frío al desgarrarme la ropa, que se acrecentaba con cada cubo de agua que me echaban encima para lavarme. Permanecimos encima del carretillo durante todo el día. Empecé a querer morirme en el momento que, a cada latido, me sacudía un sofocante dolor de huesos con pinchazos en la barriga que me traspasaban de lado a lado.  Quise palparme para comprobar la causa de los pinchazos y si me salía sangre, olvidándome por un momento de que estaba atado, inmóvil.  La claridad que vislumbraba a través del saco se fue apagando y me quedé dormido. 

Me despertó el balbuceo del hombre de la mordaza. 

Me inquietó lo que supuse: que pronunciaba a duras penas mi nombre entrecortado: “Ro-bert, Ro-bert”. 

Se reanudaron los pinchazos en la barriga y un fuerte dolor de cabeza me hizo caer en la cuenta de que aquel tartamudeo no era mi nombre sino el despertar de un sueño al tiempo que lo apartaron de mi lado. Al apartarlo arrastrándolo, para que no estuviéramos en contacto, pronunció claramente el nombre de “Hugt” y oí  un golpe seco que apagó su monosílabo. Tardé en dormirme de nuevo, pues el dolor de cabeza se había acrecentado. 


Al despertarme por la mañana todo me daba vueltas hasta que alguien me puso una cuchara en la boca con sopa caliente y unas tajadas de carne. Yo siempre había comido con mi cuchara de madera de haya que no cambia el sabor de la comida. La que me metían en la boca burlándose al tratar de atragantarme con ella...

martes, 19 de mayo de 2015

Etimología de "Sansirolé"

Sabía yo que, de mozo, en la biblioteca del Departamento de Francés de Monsieiur Cortés ( Catedrático y profesor mío)  y Madamme Paulette, yo había leído en algún tomaco de los que uno no se separaba en las tardes invernales salmantinas, que las mujeres  de la época de Racine y Moliere usaban maquillajes naturales para poner la piel bella y disimular las imperfecciones, cremas a la cera y  cremas a la leche de habas  o a la leche  de almendras  o a la leche de otros frutos… Mira tú por dónde, con esta maravilla que los detractores desprecian, que es internet,  fisgando cosas del siglo XVII francés me salió  Madamme  Ninon de L’enclos  la mujer más bella de Francia que usaba  cremas a la cera y cremas a la leche para realzar la belleza, “cire et au lait”. No iba yo desencaminado con el sansirolé, sin cera ni leche, por etimología popular falseando un poco la fonética,  fenómeno lingüístico semejante a “merdelllón” malagueño, al tomar de soldados de Napoleón  que llamaban a los malagueños desgreñados  “Merde Gens”  y ya se gramaticalizó en etimología popular a los “merdellones" para despreciar a los más  barriobajeros entre los nativos… ¿Es rebuscada la etimología  popular derivada de un galicismo semejante? Creo que es más rebuscada la de San Sirolé bendito de  las tierras de Pereruela.