miércoles, 20 de julio de 2016

¿A quién pertenece la supremacía intelectual y moral?


La batalla de las ideas por la hegemonía

Por Manuel Pastor Martínez

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Cuando Zaratustra tenía treinta años abandonó su pueblo (con el lago) y subió a la montaña para disfrutar de su espíritu en soledad tras “la muerte de Dios” (F. Nietzsche, Así habló Zaratustra, 1883).
Dedicado a Isabel Benjumea
Cuando Zaratustra tenía treinta años abandonó su pueblo (con el lago) y subió a la montaña para disfrutar de su espíritu en soledad tras “la muerte de Dios” (F. Nietzsche, Así habló Zaratustra, 1883). Simbólicamente abandonó el rebaño, el colectivismo, y las limitaciones a su libertad, buscando un individualismo pleno y libre. Es imposible no reconocer tropos literarios y paralelismos similares (incluyendo la pérdida de la fe religiosa) en la última gran novela de Unamuno, San Manuel Bueno, mártir (1930), en el contraste entre la montaña y el lago (con el pueblo) –que le inspiraron los parajes de Sanabria- y los dilemas político-existenciales que le planteará la España trágica de 1936 (M. Pastor, “El pensamiento liberal de Unamuno frente al autoritarismo”, Kosmos-Polis, Enero 2014, y asimismo en Astorica, 33, 2014).
Nietzsche, pese a su muerte en 1900, marca el rumbo de la filosofía y del pensamiento político de nuestra época, por mucho que algunos progresistas posmodernos, afrancesados jacobinos y demócrata-estatistas de distinto pelaje (caracterizados precisamente por no tener ni “idea de Nietzsche”) hayan intentado apropiárselo, cuando sus ideas revelan un radical individualismo, liberal/libertario muy alejado de los socialismos, nacionalismos, estatismos y, en suma, colectivismos igualitarios.
Su visión profética sobre el nihilismo y el totalitarismo (curiosamente anticipados por nuestro Juan Donoso Cortés desde 1848), junto a la peste del anti-semitismo -del frío monstruo Estado o Partido-Estado- cerniéndose sobre la cultura europea, fue más aguda que todas las ideologías progresistas y revolucionarias sobre el destino de Occidente y la “voluntad de poder” de los políticos o de la humanidad en general.
Reconociendo su admiración por el realismo de Tucídides y Maquiavelo como antídoto al exceso de colectivismo platónico, su filosofía liberal, que sin duda tuvo un gran impacto en las derechas, no pudo conciliarse con la más genuina liberal-conservadora porque -como apuntaron Leo Strauss y sus discípulos- estaba trufada de ateísmo o, como mínimo, de agnosticismo anti-cristiano: “Libre de todo tipo de convicciones, para ser capaz de ver libremente, es parte del poder y la fortaleza” (F. Nietzsche, El Anticristo, 1895).
No deja de ser llamativo que la presunta hegemonía progresista o colectivista, del “socialismo científico” o de las “ciencias sociales” en naciones tan importantes como Alemania o Rusia (gracias a vacas sagradas como Marx, Engels, Weber, Sombart, Lenin, Trotsky, etc.) ha sido desastrosa en el siglo XX: guerras mundiales, guerras civiles, militarismos, revoluciones y totalitarismos… con los fracasos estrepitosos de la democracia liberal (Asamblea Constituyente en Rusia, 1917-18, suprimida por Lenin; República de Weimar en Alemania, 1919-1933, destrozada por Hitler), que durante la larga Guerra Fría llevaron a un país a su división traumática y duradera, y al otro a una barbarie sin precedentes y regresión económica tercermundista, incluyendo el canibalismo.
Por el contrario, la cultura y el pensamiento de los “intelectuales orgánicos” –concepto, como “hegemonía”, también de Antonio Gramsci, que aquí solo evoco sin entrar en una discusión rigurosa- en los países latinos (Mosca, Pareto, Croce, en Italia; Costa, Unamuno, Ortega, en España) ha sido más sutil, liberal, y de efectos menos estridentes. Gramsci tomó el modelo de Benedetto Croce, y aspiraba a que el intelectual marxista, individualmente o como parte de un colectivo político (el PCI), pudieran conquistar la misma posición e influencia en la cultura italiana. Pero fue en vano: Mussolini se encargó de evitarlo, tanto en forma de coerción como de popularidad, ya que una parte importante de las izquierdas se integraron en el Fascismo: socialistas, futuristas (de Marinetti), nacionalistas revolucionarios (de D´Annunzio), corporativistas, anarquistas, sindicalistas, etc. El débil parlamentarismo tampoco resistió a las dictaduras (fascista o franquista), pero éstas adoptaron un nivel autoritario, no totalitario como el comunismo ruso y el nazismo alemán.
Es conmovedor que las primeras ideas de una futura Unión Europea bajo el signo de la democracia y el mercado libres fueran pergeñadas en el Vaticano a partir de 1939 por liberales y conservadores alemanes, que al mismo tiempo conspiraban para llevar a cabo un cambio de régimen en la Alemania nazi, todo bajo la protección e inspiración del Papa Pío XII, como ha documentado definitivamente Mark Riebling en su imprescindible obra, Church of Spies. The Pope´s Secret War Against Hitler (Basic Books, New York, 2015).
El concepto de “hegemonía” que postulaba Gramsci era una genuina aspiración a la supremacía intelectual y moral que nunca consiguió ni el PCI ni las izquierdas de Occidente. Hoy esas izquierdas invocan -y muchos periodistas e intelectuales lo repiten como papagayos- ese presunto derecho o privilegio, que en realidad se ha pervertido, transformado en un obsesivo apetito de “agit-prop” (agitación y propaganda), reclamando el control de los medios de comunicación audio-visuales, las empresas editoriales, la docencia (adoctrinada) en la universidad pública, la prensa escrita y digital, las redes sociales, etc. Los liberal-conservadores sabemos que las izquierdas nunca han conseguido la verdadera hegemonía, y que sus concepciones ideológicas basadas en el materialismo económico o en el materialismo zoológico, es decir, la lucha de clases o de razas, de nacionalidades, de generaciones, de sexos o de “géneros”, en cuanto absolutas y excluyentes, son concepciones falsas, fracasadas en la gran prueba del proceso histórico.
Nietzsche tuvo intuiciones geniales, descripciones más que prescripciones que, por ejemplo, influyeron en lo más aprovechable de intelectuales como Max Weber y Carl Schmitt en Alemania, o Unamuno y Ortega en España. Si repasamos los índices de la historiografía del pensamiento político contemporáneo de los autores más prestigiosos o influyentes, comprobaremos que predominan los del abanico liberal-conservador: aparte, por razones obvias, de los historiadores del liberalismo en general, progresista o conservador (desde la obra clásica de Guido de Ruggiero sobre Europa en 1925, hasta las más recientes sobre los Estados Unidos de George Nash en 1996 y de Alan Brinkley en 1998 y siguientes), sin olvidar otros autores eruditos del liberalismo doctrinario como Luis Díez del Corral (1945) o críticos del liberalismo más progresista como James Burnham (1964) .
Es significativo que en obras académicas, en los capítulos sobre el pensamiento político del siglo XX, destaquen las figuras e ideas de perfil liberal-conservador, por ejemplo en autores tan prestigiosos como George Catlin (1939), Crane Brinton (1950), Lee McDonald (1968), Mulford Sibley (1970), Robert Nisbet (1973), George H. Sabine y Thomas Thorson (1973), Leo Strauss y Joseph Cropsey (1987), William y Alan Ebenstein (2000), Alan Ryan (2014), etc.
Como muestra, William y Alan Ebenstein -padre e hijo- en su reputada obra Great Political Thinkers. Plato to the Present (sexta edición, Orlando, FL, 2000), a partir de Nietzsche, con la excepción de los capítulos dedicados a Mussolini, Lenin, y breves párrafos sobre socialdemócratas moderados, dedican el resto, la mayoría del texto, a pensadores liberales o conservadores: Freud, Spencer, Green, Gandhi, Keynes, Beveridge, Berlin, Rawls, y especial atención a los libertarios Hayek, Friedman, etc. Ciertamente Keynes, Beveridge y Rawls, aunque liberales, se han intentado manipular y apropiar por las izquierdas progresistas y socialdemócratas. Por otra parte, los autores de la obra mencionada, a mi juicio, no han prestado la debida atención a pensadores como Carl Schmitt, Raymond Aron, James Burnham, Leo Strauss y otros conservadores o neoconservadores a ambos lados del Atlántico.
Alan Ebenstein es también autor de una magnífica biografía sobre uno de los filósofos políticos -liberal/libertario- a mi juicio más importantes del siglo XX: Friedrich A. Hayek: A Biography (2001).
Mi hipótesis (sustentada en una tradición que se inicia con la Ilustración escocesa y los Federalistas americanos) es que solo existe o es posible, rigurosa y empíricamente, una filosofía liberal-conservadora, no contaminada por la ideologización política y el “espíritu de partido” o partitocracia. En España, mis maestros universitarios D. Carlos Ollero Gómez, D. Luis Díez del Corral y D. Antonio Truyol Serra, así como los profesores Jesús Pabón, José Antonio Maravall, Manuel Fraga Iribarne, Dalmacio Negro, Octavio Ruíz Manjón, Javier Tussell y Juan Avilés, han dedicado importantes trabajos de ejemplar erudición y profundidad al pensamiento liberal-conservador, clásico y moderno. En la misma línea hay que recordar las múltiples obras sobre filosofía y pensamiento político del liberal Julián Marías, y del conservador Gonzalo Fernández de la Mora, o autores más jóvenes con enfoques sumamente originales, como Jerónimo Molina Cano, Carmelo Jiménez Segado y Álvaro Rodríguez Núñez.
Mis amigos los analistas políticos y profesores José María Marco y Florentino Portero han publicado asimismo penetrantes estudios sobre algunos estadistas e “intelectuales orgánicos” de las derechas en la España del siglo XX, y el primero también varios ensayos de enorme interés sobre pensamiento y pensadores políticos norteamericanos.
Y a propósito de Florentino Portero y José María Marco, con los que comparto posición en el Consejo Asesor del grupo-red Floridablanca, eficazmente dirigido por Isabel Benjumea, debo subrayar que éste es un buen ejemplo en la España actual de un club político surgido de la sociedad civil, y particularmente de jóvenes concienciados de un amplísimo espectro del centro-derecha (libertarios, liberales, democristianos y conservadores), empeñados seriamente en el debate de las ideas y en demostrar que la auténtica hegemonía cultural –supremacía intelectual y moral- no pertenece a las izquierdas.
(Para una perspectiva más general de las ideas políticas en España durante los siglos XIX- XX: M. Pastor, “El pensamiento político español de los tiempos bobos”, Kosmos-Polis, Junio 2014).

lunes, 18 de julio de 2016

Mi punto de vista sobre los libros de papel y los electrónicos

 Cuando la Humanidad ha dado cualquiera de sus pasos hacia adelante en cualquiera de los avances científicos, siempre han existido nostálgicos de la tradición, que durante un tiempo se han resistido al cambio y se han comportado como héroes, es cierto, pero, al final, la praxis se ha impuesto sobre los sentimientos acuñados durante los siglos anteriores: así fue con los nostálgicos del pergamino y los escritorios de los monasterios copiando a mano con caligrafía exquisita y letras capitales, todo un arte, uno a uno los volúmenes de escritores clásicos, los tumbos, todos los documentos diplomáticos y en suma todo el saber de la Humanidad hasta el momento. Aquel olor a tinta de tintero y a cuero recién curtido no podía ser sustituido —decían— por el inflamable papel en copias sin cuento impresas por una máquina infernal de hierro que daría al traste con la exclusividad de los secretos filosóficos. Aquellos héroes nostálgicos no tardaron más de medio siglo en sucumbir ante la evidencia; y los libros de papel se impusieron pues abarataron el costo un millón por uno y la cultura se expandió hasta límites insospechados. Cualquiera y no sólo los privilegiaos de las castas intelectuales tenían acceso al saber con las nuevas máquinas. Esto, en serio. Ahora admítase la broma: cuando se inventó el automóvil, algunos nostálgicos echaban de menos el olor de los cagajones de su burro tan familiar y querido, que había sido sustituido por el infernal olor de la gasolina y el tubo de escape. Son tantas las ventajas del las nuevas tecnologías que no hay marcha atrás en este aspecto.¡ Claro que los autores hemos perdido dinero!. Hablo por experiencia. Uno de mis libros que pesa un kilo y cuesta 25 euros en papel, en libro electrónico no pesa nada y cuesta un euro. Y los lectores han aumentado exponencialmente. Saludos cordiales.

miércoles, 13 de julio de 2016

El profesor de Errejón, de Iglesias, de Bascansa y de Monedero.

Cuando leo publicaciones del Profesor, Catedrático de Ciencia Política de la Complutense, maestro de Monedero, de Bescansa, de Iglesias y de Errejón, y leo también las de estos sus discípulos, compruebo que todavía ninguno de estos sus alumnos han superado al maestro. Y de lo que estoy absolutamente seguro es de que si en un examen  Iglesias le hubiera confundido “La Crítica de la Razón Pura” de Kant o le hubiera confundido aquella garrafal de la autodeterminación de Andalucía le hubiera dado un suspenso rotundo. Lo supongo, no me lo ha dicho él expresamente. Lo que sí me envía personalmente son sus publicaciones inmediatamente, lo cual, para mí no deja de ser un honor. Incluso, algunas veces, antes de ser publicadas. Hoy me envía este artículo:
http://www.lacriticadeleon.com/noticia/833/manuel-pastor/pequeña-historia-del-proyecto-floridablanca-2012-2016.html

lunes, 4 de julio de 2016

Nuestro arte Románico no es oriundo de Europa sino de Asia.

Desde que estudié de cerca el arte  medieval asiático y nuestro románico, todo me ha hecho pensar que, efectivamente, el románico no es oriundo de Europa sino de Asia, traído durante la Edad Media por la ruta de la seda desde oriente, como tantas otras cosas de nuestra occidental cultura. Aunque es mejor estudiar el arte en su ubicación  concreta, algo se puede observar a través de estas fotografías.


domingo, 3 de julio de 2016

El abuelo y el PP

Me lo han constado como cierto, pero vete tú a saber….

—¿Qué tal, abuelo? ¿Ya vienes de votar al PP?

El abuelo lo miró de soslayo y se guardó el anonimato de su papeleta. El muchacho porfió:

—Porque seguro que has votado al PP.

E abuelo enmudeció y su nieto siguió insistiendo en son de burla:

—¡Cuánto darías por tener mi edad!!

A esto ya respondió el abuelo con indignación y lástima:

—Y cuando darías tú por llegar a la mía…

El muchacho no supo qué responderle, arrancó la moto y salió  de estampida.  A los trescientos metros, resbaló y se estrelló contra un farola de la avenida.

El abuelo llora desconsolado en el sanatorio porque se considera culpable por premonitorio.

jueves, 30 de junio de 2016

"El Baco" (Novela. Finalista del Premio Planeta 1993) pág. 190. Edit Edinford, Madrid. 1995

Fíjate: que la civilización del vino proceda de la Mesopotamia leonesa... eso sí que es inaudito; porque en realidad existe, pero nadie lo sabe; y allí especialmente, y en regiones limítrofes es donde más he oído expresiones como: ¡Cagüen Lá! ¡Dios-Lá! ¡Rediós-Lá!
Desde luego, en la escritura... vamos a releerla —Damián recuperó el trabajo de Clara y se apresuró a buscarla. Así que la hubo encontrado dijo muy expresivo:
—¡Claro; está clarísimo; no hay duda! Mira lo que pone —releía Damián en voz alta: «(La siguiente escritura, aparte de ritos y sacrificios, contiene una sarta de blasfemias contra Jesús de Nazareth, contra la Santísima Virgen, Contra la Sagrada Forma, contra las Jerarquías Eclesiásticas, contra los Vasos Sagrados, y también contra el Dios islámico Aláh, contra su profeta Mahoma, contra el Arcángel Gabriel y otras atrocidades)».
Siguió Damián leyendo más adelante: «Después de pronunciar las palabras, rociará con vino primerizo a lo hermanos(أخوأن); y todos los asistentes maldecirán a sus enemigos los tagarinos y a los cristianos, y a sus dioses y a sus costumbres».
Una vez leídas estas líneas concluía Damián:
—Es una lástima que ese traductor anónimo del año 40, por sus convicciones religiosas, no copiara aquí el pergamino de las blasfemias concretas.
Emilio, pensativo, le contestaba:
—Yo he ido relacionando exclamaciones que he recogido magnetofónicamente. No obstante, piensa tú, Damián, en una cosa: aquí siempre ha habido dos Españas. La historia de España es la historia de las blasfemias. No es que el español sea blasfemo por naturaleza, sino que se ha blasfemado para herir al contrario donde más le doliera. «Me cagüen la puta del obispo» sólo lo dicen los hombres con una copa en la mano, porque lo acuñaron los báquicos en contra de los cristianos, lo mismo que «Cagüen la Virgen» o «Me cagüen Cristo» o la blasfemia más original de todas: «Me cagüen el camino de Santiago». También he oído decir: «Me cagüen la puta del obispo de Izagre»; y eso que en Izagre nunca ha habido ningún obispo. Los báquicos clandestinos propagaron las mayores atrocidades verbales que todavía se conservan. Siempre se ha blasfemado por machacar al prójimo, lo que demuestra que los españoles no somos tolerantes. Nunca se ha blasfemado contra el Dios propio sino contra el Dios del prójimo. Pero los cristianos no se quedaron cortos. Así, cuando un islámico decía: «La ilahu, ila Lá» que quiere decir: «No hay más Dios que Alá», los cristianos empezaron a decir: «¡Cagüen Lá!». Cuando ha entrado un tercero, nadie ha aceptado las tres Españas porque la referencia del insulto se ha desdibujado y ha llegado el desbarajuste. Desde que no hay adversarios religiosos se han inventado cualesquier aspectos que diferenciaran a unos y a otros, aunque sólo fueran simbólicos: podían haberse escogido las rosas y las azucenas, o los blancos y los negros; y por el mismo motivo podrían haberse elegido, como símbolos diferenciadores, las mesas y las sillas, o el regadío y el secano. ¡Pues, no señor! se ha escogido lo que no tiene ni rastro de rasgo específico como el rojo y el azul, o la derecha y la izquierda.
Interrumpió Damián alterado:
—Pero, esta expresión procede de la República Francesa…
Emilio seguía queriendo caricaturizar lo más posible:
—Bueno, bueno... —y tomó definitivamente la palabra—: la cosa es exaltarse para zaherir al otro. Tan ridículo resulta decir «yo soy mesa o yo soy de azucenas», como decir que «yo soy rojo, o yo soy de derechas o soy de izquierdas». ¿Te imaginas, Damián, la risotada que nos pegaríamos si oyéramos decir a alguien, increpando al contrincante: «tú eres mesa pura y dura», y se ofendiera carcomiéndose, y respondiera: «No señor, yo siempre he sido silla y siempre seré silla hasta que me muera; aunque mi padre fuera mesa y mi abuelo fuera mesa yo he evolucionado a silla, y por favor, no pronuncie usted delante de mí la palabra mesa»? De la misma manera, llamarle a alguien cavernícola, es como llamarle trigémino o cualquier otro absurdo; y sin embargo, hay quien se ofende por ello. Tan idiota es el que lo llama como el que se siente ofendido. ¡La cosa es exaltarse aplastando al otro! Desde luego, esto lo han inventado unos listos para sacarle el dinero a los ignorantes y tenerlos entretenidos mientras que esos listos se comen la tortilla, muy española por cierto.

Se dieron tiempo para seguir pensando, y en dos minutos siguió Emilio: —Ahora voy entendiendo por qué, hasta hace muy poco tiempo, en muchos pueblos, a los niños se les ha seguido dando alcohol con el pretexto de hacerlos más adultos. 

miércoles, 29 de junio de 2016

Charlando de política con mi amigo de Facebook, Txema Arinas

¿Miedo? A los viejos sólo nos atemoriza un tío fuera del alcance de nuestra cachava con una bomba o con una pistola. Como yo no sé de estas lides, escucho a los dos, al catedrático y a sus discípulos. Y luego saco mis propias conclusiones. Ya sé, ya sé que han existido casos raros de discípulos que han superado al maestro, pero no es el caso. Manuel Pastor es un viejo profesor, colega y brazo derecho de Tierno en la Cátedra de Ciencia Política de la Complutense, y mira lo que dice:
http://www.jgcastrillo.com/.../el-profesor-de-pablo...
Lo bueno de los viejos es que, hasta que nos visite don Alzheimer, conservamos datos a millones con memoria prodigiosa a pesar de que a los que molesta nuestra memoria tengan en mente darnos una ración de eutanasia y... pensión más "pa" su bote.

“Atiendo con atención atenta” las conclusiones del Prof. Pastor para aprender y veo que antes de atenderlo coincido desde mi estado lego —aunque es algo accidental— en lo de “cursi” y ridículo”. Lo de “macarra” ya tendría que comprobarlo personalmente. No hay nada más ridículo que una corbata ladeada con la camisa abierta en un acto público cual beodo trastabillando de acera a acera a las cuatro de la mañana. Y no digamos, algo más ridículo y contradictorio que un anticapitalista con un iPhone 6 en la mano, otros dos en el bolsillo del pantalón marcando paquete cuadrado, un IPad en la mochila y un iMac en la mesa y entrado en casa de Zuckerberg y otros “yankees” utilizando el máximo exponente del sistema capitalista. Y no digamos que a los treinta y tantos años diga que se arrepiente de su pecado de juventud: haber sido comunista. ¡Sideral....! Abrazos del Gran Tábano.


P.S. Lo de "Gran Tábano" es un mote que me ha puesto, afectuosamente sin dudar, él en nuestros diálogos sobre lo divino y lo humano.