martes, 27 de febrero de 2024

Ayer asistí al concierto de G. Sokolov.


Es tal la perfección técnica y la digitaciòn que me ha dado lástima del niño Sokolov, bajo el régimen Comunista-Soviético, supongo que quitándole la infancia, adolescencia y juventud para hacerlo un robot de la interpretación pianística clásica con la mirada fija en el techado y el cuerpo hierático, sólo haciendo gimnasia de dedos horas y horas, y horas y horas sin tiempo para jugar con los demás niños. Lo digo porque mi amistad con una violinista que padeció el Comunismo así me lo ha narrado. A ella la seleccionaron a los 4 añitos, en la guardería comunista en la que hicieron pruebas a todos los niños para ver quién tenían cualidades , y la llevaron interna a un conservatorio de Moscú a los cuatro años y le metieron en una celda con un piano. Solo salía para la clase, y para comer. allí tenía que estár estudiando escalas el resto del día con una gobernanta gorda en el pasillo vigilándola con la ventanilla de la puerta y para abrirle cuando necesitara ir al váter. Ella, cuando la Perestroika huyó de aquel régimen a pesar de que era violinista del Bolshói y se presentó a varias orquestas europeas en las que ha desarrollado su profesión sin ganas de volver a Rusia. A Sokolov le ha ocurrido algo semejarte. Se ha venido a vivir a unas leguas de mi casa. A ver si una vez me hago el encontradizo en el paseo marítimo y le arranco unas palabras, pero es difícil. Está desde niño tan acostumbrado a ver cómo le hacen barbaridades a quién habla y lo hablado no gusta a las autoridades comunistas, que no ha asimilado, creo yo, que aquí se puede hablar mal hasta de Pedro Sánchez o se su mano derecha y no por eso te dan una paliza. A sus 74 tacos, sigue estudiando varias horas al día, y el que menos, el día del concierto que se toma un poco de descanso y sólo se da un entrenamiento de cuatro horas antes del concierto... ¡Impresionante! No parece humano sino de otra Galaxia.