viernes, 25 de diciembre de 2015

El profesor de Pablo Iglesias y Monedero

El profesor  de Pablo Iglesias, y también profesor de Monedero, de Carolina Bescansa y de Errejón, el que más sabe de Ciencia Política en España  acaba de decir con palabras finas, palabras de seda, pero muy claramente,  que España ahora mismo está dividida en dos:  A) Los demócratas que defienden el “sistema” democrático y B) los antidemócratas, que quieren destruir el sistema democrático. Y también dice que  los demócratas, con la ley, por supuesto, no deberían permitir que los antidemócratas ocuparan las instituciones democráticas, es decir: que los antidemócratas  que vociferan el mantra Podemos, deberían ser ilegalizados.


He aquí sus palabras finas, palabras de seda, pero contundentes:

MANUEL PASTOR MARTÍNEZ

España, ¿una democracia fallida?


Ningún sistema democrático liberal debe legitimar las fuerzas de su destrucción. Una cosa es reconocer y garantizar la libertad de ideas y de expresión, así como el derecho de libre y pacífica asociación, y otra muy distinta es permitir la ocupación de las instituciones del sistema por los partidos y organizaciones que se declaran abierta y descaradamente anti-sistema.
España, por mucho que le pese a algunos, es una Nación y un Estado formados en un largo proceso histórico y perfectamente consolidados. Añadiría –siguiendo, entre otros, las tesis de Mommsen, de Lincoln, y de Ortega– que el Estado (la unidad política con voluntad y poder) es anterior, y construye la Nación. Según la famosa metáfora del filósofo madrileño, el Estado es el “Gran Truchimán” de la Nación.

Otra cosa es la democracia. Sin entrar ahora en las razones históricas, es un hecho que España ha llegado tarde a la democracia moderna, aunque fue de los primeros países en generar un liberalismo (inventando el propio término) y una Nación liberal-constitucional durante la corta vida de la Junta Central y las Cortes de Cádiz (1808-1812), hasta el retorno recurrente del Absolutismo y diversos autoritarismos (aunque tuvo también periodos de parlamentarismo liberal, como el casi medio siglo de la Restauración), con las sucesivas guerras civiles, los pretorianismos y las dictaduras militares o revolucionarias: solo en el siglo XX las de Primo de Rivera (1923-1930), la breve de Berenguer (1930-1931), la del Frente Popular (1936-1939), la brevísima de Miaja-Casado (1939), y la de Franco (1936-1976). Franco muere en 1975, pero el Franquismo continuará hasta 1976, cuando la Ley para la Reforma Política del gobierno de Adolfo Suárez puso término al sistema autoritario e inició una modélica Transición a la democracia, pero sin poder superar la arraigada cultura política autoritaria.

El problema que tenemos, además, es que esa Transición se ha visto jalonada de “agujeros negros” (desde el 23-F hasta el 11-M… y una larga lista de escándalos y crímenes, de partitocracia y corrupción) que han interrumpido e impedido el proceso normal de una Consolidación democrática. Me pregunto si España no será un caso de democracia fallida.

Pretendo evitar el pesimismo absoluto y adoptar una visión crítica que requiere una perspectiva a más largo plazo. Estados Unidos, la democracia liberal moderna más consolidada, desde el inicio de su Transición (con la Guerra de la Independencia en 1776-83 y la Constitución desde 1787) hasta su Consolidación, tuvo que pasar un período largo y crítico, lleno de conflictos y contradicciones, con una trágica Guerra Civil (1861-65) y una dura Reconstrucción. Un total de casi cien años, según percibieron importantes y diferentes sensibilidades, como el gran político Abraham Lincoln o el gran poeta Walt Whitman (M. Pastor, “Abraham Lincoln: la consolidación de una Nueva Nación”, La Ilustración Liberal, 39, Madrid, 2009).

Desde la muerte de Franco han pasado solo cuarenta años, y la Transición modélica en sus inicios se ha corrompido, y en el camino se ha reencontrado con diversos “demonios familiares” de nuestra historia (con la ayuda, entre otras cosas, de la nueva inquisición de la “Corrección Política” de todas las izquierdas, la “Memoria Histórica” de Zapatero, y la desmemoria histórica de las nuevas generaciones educadas bajo la nefasta ley socialista de González-Maravall-Rubalcaba).

Las elecciones del 20 de Diciembre de 2015 han sido una catarsis y un punto de inflexión. Hemos dinamitado el bipartidismo imperfecto. ¿Y ahora qué? Ya tenemos una fragmentación y un caos políticos que ponen patas arriba y tripas afuera el legado de la Transición. No se trata de iniciar una segunda o nueva Transición (como postuló en su día Aznar y hoy lo hacen los de Podemos), ni de intentar la “revolución pendiente”, sino de resolver algo más concreto y necesario: la Consolidación pendiente de nuestra pobre democracia, que requiere un riguroso Imperio de la Ley, una justicia independiente, y una cultura democrática, ni autoritaria ni partitocrática. Por supuesto, algunas reformas (a corto plazo, no necesariamente de la Constitución) son urgentes.

Hemos presenciando la irrupción en la vida política española de turbas, manadas y mareas de jóvenes radicales indignados, populistas, nihilistas, verdes, comunistas o anarquistas, vociferando el mantra inspirado claramente en el “Podemos” del impotente Obama (o quizás, inconscientemente, inspirado en el infantil “¡Sí, Podemos!” de Bob El Constructor, que para el caso es lo mismo). El partido/movimiento -como en la terminología franquista- denominado Podemos, con sus diversas marcas revolucionario-separatistas, ha aglutinado en gran medida ese fenómeno anti-sistema: 69 diputados y el 20,47 % de los votos. El comunismo tradicional se ha quedado reducido a 2 diputados. Y los separatistas declarados de distintas denominaciones (los catalanes de Esquerra y residuos “Convergentes”, junto a los vascos de Bildu) han conseguido 19 diputados. Lo que hace un total del conglomerado anti-sistema de 69 + 2 + 19 = 90 diputados y el 29,65 % de los votos. Poco más de una quinta parte del Parlamento.

Lo que deja una gran mayoría de casi cuatro quintas partes integrada por los partidos que hasta la fecha no quieren romper la unidad de España o la economía de mercado de la Unión Europea: PP (123) + PSOE (90) + Ciudadanos (40) + PNV (6) + Coalición Canaria (1) = 260 diputados y el 66,19 % de los votos.

Estos partidos del bloque constitucional (el PNV hasta ahora no se ha declarado separatista, y puede ser un ejemplo de sentido de la responsabilidad) están obligados a salvar la democracia española en esta situación extrema en que nos encontramos.

Si España tuviera una cultura democrática consolidada, con experiencia de coaliciones como otros importantes países de nuestro entorno, las combinaciones serían múltiples. Si no somos capaces de aceptar una Gran Coalición, he aquí la fórmula que a mi juicio sería de sentido común, aunque soy consciente de que para este país parecerá excesivamente utópica: un pacto o gobierno de coalición de centro-derecha (PP + Ciudadanos + PNV + CC) con 170 diputados, y una oposición leal de centro-izquierda (PSOE) con 90 diputados. Incluso, superando prejuicios ideológicos poco modernos y disciplinas partitocráticas poco democráticas -como es frecuente en los Estados Unidos, y nadie se escandaliza por ello- 6 diputados de la oposición podrían prestarse, por patriotismo constitucional en aras a la estabilidad del sistema, a apoyar la investidura del gobierno de coalición descrito.

Porque repetir unas elecciones, no nos engañemos, es reconocer la disfuncionalidad o cierto fracaso de nuestra democracia, y al mismo tiempo significaría indignar o aburrir un poco más a los sufridos electores.

Por otra parte, mi tesis central de teoría constitucional se puede resumir así:

Ningún sistema democrático liberal debe legitimar las fuerzas de su destrucción. Una cosa es reconocer y garantizar la libertad de ideas y de expresión, así como el derecho de libre y pacífica asociación, y otra muy distinta es permitir la ocupación de las instituciones del sistema por los partidos y organizaciones que se declaran abierta y descaradamente anti-sistema. Hay que decirlo con claridad: no solo el secesionismo, también el llamado derecho a decidir o de autodeterminación (defendido por Stephen Douglas frente a Lincoln, y practicado por los rebeldes sudistas en el contexto de la Guerra Civil norteamericana; más tarde invento oportunista del bolchevismo de Stalin, asumido por Lenin en 1913) es un instrumento anti-constitucional y por tanto anti-sistema (“anarquía” lo definió Lincoln). Es un insulto a la soberanía nacional y a los ciudadanos, además de un fraude a los contribuyentes.

Algo que deberían tener en cuenta nuestros máximos líderes de los partidos constitucionales y, sobre todo, nuestro joven Jefe del Estado a la hora de proponer un Jefe del Gobierno. Si no queremos que definitivamente desaparezca el interrogante en el título de esta columna.

martes, 15 de diciembre de 2015

Una señora de Valladolid.

Pues, a mí, me ha escrito hoy otra carta, otra señora de Valladolid, y me dice que no pudo ver  la bronca de anoche en la televisión porque un señor enloquecido daba tantas voces sin parar, como una locomotora,  que despertó a su bebé,  y ya no pudo conciliar el sueño hasta que esta mañana lo llevó al pediatra, y ni con el pediatra paraba de llorar. Nunca ha visto algo igual. Tomémoslo con humor, porque si lo tomamos en serio es para largarse y no volver....
Ls hemos tomado con Valladolid....

martes, 8 de diciembre de 2015

El debate político de la TV.


¿Que nunca opino sobre política? Claro que opino y además nunca he faltado a votar, si bien cambio el voto con una facilidad pasmosa. Acabo de responderle a un amigo que vio el programa de ayer de la "a" a la "z" como dijo él:

 Y yo le he respondido:


 “Yo también lo vi, pero no no aguanté hasta la "z". Alguno de ellos parecía un adolescente en face book, reproduciendo citas inexistentes. Cuando oía reproducir citas inexistentes me daba lástima el “show”, pues ninguno reprochaba y las tragaban como si fueran ciertas. Y ya apagué al oír confundir el acceso de Andalucía a la autonomía por el 151 famoso, con la autodeterminación. ¡Vaya nivel! Cuando alguno de estos chavales, con arrogancia de doncel tontuelo , "ningunea" a los viejos, dan ganas de suspenderlo para que estudie en el verano, como a aquellos alumnos empolloncetes que no tenías más remedio que aprobarlos porque reproducían lo "empollado" en el examen, de memorieta, sin entender muy bien lo que decían. Pero es lo que tenemos, Tomás Morales Cañedo, Son nuestros chavales, y no hay más remedio que quererlos…."

sábado, 5 de diciembre de 2015

El profesor de Pablo Iglesias y Cristina de Borbón


Siempre me ha gustado escuchar y rodearme de los más inteligentes y preparados. Creo que Manuel Pastor, “Catedrático de Ciencia Política de la Complutense”, es quien más sabe del porqué de la política contemporánea de España: 
Hoy, sin embargo, deja a un lado la ciencia y escribe un artículo cultivando literariamente el género satírico-burlesco que, al menos, hace sonreír.

Quien tenga unos minutos de recreo que lo lea. Creo que su intención latente es ayudar a los que tienen duda sobre a quién votar. Este es el enlace:

http://www.lacriticadeleon.com/noticia/436/firmas-invitadas/voglio-una-donnaaaaa-mariano-y-soraya.html


http://www.lacriticadeleon.com/noticia/436/firmas-invitadas/voglio-una-donnaaaaa-mariano-y-soraya.html

jueves, 3 de diciembre de 2015

Sólo quedan unos días para decidir el voto



Que después de las calumnias que han sufrido, y de las incomprensiones y el odio de los más corruptos a los que han denunciado y sacado a la luz las preferentes para que los ancianos engañados hayan recuperado sus ahorros, todavía conserven la sonrisa y sigan manteniéndose sin ningún caso de corrupción en sus filas y con ganas de seguir convenciendo con ideas y con hechos, y no haciendo el pino o bobadas semejantes en televisión, merecen mi mayor respeto. Un respeto imponente. Además, esta foto, ni que estuviera hecha aposta a pesar de que las letras amarillas no se lean bien. Pues todavía hay indocumentados que les siguen dando la matraca de la publicidad de los poderosos de que su antigua presidenta era una orgullosa y no quería acercarse a la gente. ¡La repera....! Yo les decía un día, que había una "dirigenta" dentro de sus filas, que no me gustaba nada, que parecía puesta por alguien de "Caballo de Troya" para dinamitar desde dentro y destruir el partido. Y a la vista está que no me equivocaba mucho. Pero esto es muy largo de contar... Por suerte, ya no está entre ellos. Creo que los votantes que lo vemos desde fuera somos mejores analistas, porque observamos sin pasión, incluso mejor que los mismos militantes, que en el fragor del trabajo político, no tienen tiempo ni de ver estas cosas tan evidentes. Si no hay limpieza de corazón la democracia será fallida, y como tal será una trampa mortal. Seguiremos observando a unos y otros con lupa para decidir nuestro voto el próximo día 20. Todavia quedan unos días.