lunes, 30 de junio de 2014

Alejandro Lerroux, (Presidente del gobierno en la 2ª República)


La Institución Libre de Enseñanza fue el referente de la cultura española y el vehículo ideológico para introducir en España (entonces nadie le llamaba “Estepaís”)  las más avanzadas teorías pedagógicas y científicas que se estaban desarrollando en todo el mundo libre y moderno antes de 1936. Esta es la inauguración del comedor escolar, en cuyo colegio, entonces se llamaba “la escuela” de San Vicente de Alcántara, los maestros y maestras seguían las inigualables  directrices de la ILE.
Volver  a enarbolar esa bandera de la segunda república roji-gualda-morada (aunque en la foto se vea en blanco y negro) como ingenuamente hacen ahora muchos chavales, no creo que conduzca a nada bueno. En todo caso, quien quiera la tercera república que diseñe otra bandera distinta, ya que sobran colores para hacer combinaciones nuevas.

Estos ocho maestros  y cuatro maestras de Instrucción Pública fueron encantados por la palabrería de promesas vanas, en las que creyeron todos los menores de 30  años, del sociópata Alejandro Lerroux;  y lo votaron y llegó, claro que llegó a la presidencia del gobierno cuando esos extraordinarios maestros no podían ni imaginar remotamente que  llevaría a España a la ruina y al desastre y a la muerte violenta de diez de ellos. Sólo se libraron de la muerte, por casualidad, doña Ludivina y doña Felisa. Los chavales necesitan estudiar la historia en profundidad. A mi no me hace falta porque me la contó mi madre de viva voz. Es mucho más largo, pero no es cuestión de andar revolviendo lodos sedimentados. Para qué, si no conduce a nada bueno…

viernes, 27 de junio de 2014

La cara de póker del eurodiputado joven

Yo no sé… este chaval de la coleta… es que dice con cara angelical las mismas burradas, con las mismas palabras que los franquistas más recalcitrantes. Además, tanto el profesor Titular Monedero como el profesor interino Pablo Iglesias, a su éxito político le llaman "el Movimiento". ¡Hay que fastidiarse! A ver, los de mi edad, recordemos ¿o es que yo me he vuelto idiota?: 
“El Movimiento, después del Alzamiento del 18 de Julio de 1936, fue la continuación de la política por otros medios…” -decían los franquistas-  “No ha habido crímenes sino víctimas políticas... hemos tenido que matar porque no ha habido más remedio -seguían diciendo machaconamente-, y bien que nos entristecemos por sus huérfanos. Menos mal que hemos subvencionado los hospicios para que tengan un oficio digno…”

Al que ponía un “pero” a los crímenes del franquismo siempre lo consideramos cómplice. 
El que pone el más mínimo "pero" a los crímenes de ETA, se convierte en cómplice absoluto. No hay peros que valgan por más cara de póker que ponga Iglesias Turrión, y por más éxito mediático que coseche. A ver, los de mi edad: ¿cual es mi fallo? Si alguien me lo hace ver estoy dispuesto a rectificar, si es que algo recóndito no he entendido. ( No era esto, no era esto. Ortega dixit)

Me dice uno de mis hijos de la edad del eurodiputado de marras (generación del Mazinger Z y del Famóvil):   "Pues a mi me cae bien el chaval. Es más, me identifico mucho más con él que con el resto de políticos. Y es más aún, creo que va a ganar las próximas elecciones generales.

Y yo le respondo:  "Pues cambiadle el nombre, porque lo han tomado del "MOVIMIENTO de Venezuela" y los mismos organizadores le llaman así: EL MOVIMIENTO, y ese nombre coincide con "El Movimiento" por antonomasia, que nació en 1938, dos años después del Alzamiento, en plena guerra civil, único cauce totalitario y único permitido para participar en la vida pública española. Ideológicamente se apoyaba en tres pilares: familia, municipio y sindicato único al que los sociólogos posteriores llamaron sindicato amarillo.

Al mismo tiempo, existía en el exilio “El Partido”, con artículo determinado. Era la única organización de oposición al franquismo, y se expresaba en una emisora de radio clandestina: “Radio Pirenaica”. Era el Partido Comunista. No creo que en España domine esa ignorancia como para que gane por mayoría absoluta un Movimiento totalitario como el que propugnan. Claro que estos chavales son más listos que sus mentores venezolanos y pueden rectificar rápidamente las burradas que todavía proponen... Eso sí... como Felipe que dejó de ser marxista de la noche a la mañana y pasó de Otan NO a Otan Sí, en unas horas... por ejemplo... porque también fue listo, el más listo en aquella coyuntura. No obstante España ha ido siempre a bandazos, así que todo es posible... Esto va de listos...

jueves, 26 de junio de 2014

El verbo "abdicar" tan de moda...

El verbo “abdicar” es un cultismo de reducida frecuencia. Si fuera palabra patrimonial usada no sólo en círculos restringidos sino de uso familiar, hubiera evolucionando a “adegar”. 
Es decir: la transitividad latina la conserva intacta en romance. Si bien, el significante está más o menos claro, lo que es más compleja es la evolución del significado, que se escapa  a cualquier reglamentación de ley lingüística, porque, si en latín clásico significaba “desheredar” -justamente lo contrario-, en latín tardío significó renunciar, pero conservando su  gramaticalidad transitiva. La “regencia” de una preposición a elegir  es cosa del romance tardío.

Las Meninas de Picasso




Las Meninas de Picasso.

Desde que estudié  en el museo de Barcelona los lienzos que Picasso pintó con el tema de “Las Meninas” he sentido una especie de impulso a dialogar, a preguntar a los estudiosos y críticos oficiales de arte, a proponerle ideas para contrastarlas con sus pareceres acerca del contenido de sus interpretaciones.

Comparto totalmente el pensamiento de algún artículo : “Picasso siempre estuvo obsesionado por Las Meninas de Velázquez”.

En donde ya me pierdo un poco es en la frase de algún comentarista: “Si
comparamos ambos cuadros -el de Velézquez y el de Picasso- se nos hace fácil la
lectura». A mí se me ha hecho harto difícil, y cuanto más los contemplo, más
difícil se me hace. 

Durante la última ocasión que tuve de pasar unas horas en el Museo
de Barcelona, definitivamente decidí no hacer caso a las interpretaciones oficiales,
semioficiales e interesadamente eruditas de los críticos y “entendidos” en arte. Cada vez
dudo más de las interpretaciones simbólicas que se atribuyen a cada uno de los muchos cuadros con los que Picasso recrea obsesivamente Las Meninas.

Se cuenta de un prestigioso escritor que, entre sus lecturas, redescubrió “El
Quijote”. De manera se enfrascó en él, que lo leía, lo releía, lo degustaba, lo
paladeaba y llego a decir: “Dan ganas de no leer otra cosa que no sea esta obra
grandiosa», así que durante mucho tiempo no tuvo otra actividad intelectual que la de profundizar en su lectura.

Cuando comenzó a escribir de nuevo, quiso expresar lo que había sentido en su
machacona lectura del genio cervantino. Quiso hacer otro Quijote, porque le parecía que
sólo merecía la pena escribir Quijotes, y comenzó así su libro: “Una vez era un lugar
de la Mancha con un Quijote y su caballo, y su escudero con un burro llamado Sancho
Panza, el escudero, que el burro se llamaba Rucio, y el caballo Rocinante. Y Rucio y
Rocinante eran guays, y tan guays eran que quisiera que fueran mis amigos, y Sancho
se hizo caca, pero se la hizo de tal manera que no daba asco, y, como no daba asco, a
mí me producía risa al principio, luego me producía lágrimas y después me produjo
tal simpatía que me dejó pensando mucho tiempo sobre la caca de Sancho,y sobre don
Quijote, y sobre Rucio, y sobre Rocinante. ¡Don Miguel de Cervantes, os invoco y me
anonado como escritor, y ante vos sólo puedo sentirme un niño, pero un niño muy
chico, y tributaros la máxima admiración y respeto literarios, ya que ante vos me siento
literariamente disminuido!.

Así escribió estas líneas y las repitió mil veces, como si fuera un castigo de
maestro antiguo que se había impuesto a sí mismo.

A ese libro le puso un prólogo que decía: “Este mi libro, intitulado Don
Quijote, es lo que yo soy capaz de escribir, al lado de su verdadero artífice don
Miguel de Cervantes Saavedra».

Yo me imagino al prestigioso pintor Pablo Ruiz Picasso, delante de Las
Meninas en el Museo del Prado, con su ojos totales, sintiéndose niño ante Velázquez
al que pintó enormemente desproporcionado, como cuando un niño pinta a su papá o a su mamá ocupando todo el folio, y al hermanito intruso, hecho un escarabajo pequeñito y esquemático en el
ángulo inferior derecho del mismo folio.

Estoy viendo a Picasso en El Prado con sus grandes cejas curvas como arcos
románicos, sonrisa rotunda y silente, con la boca abierta, absolutamente concentrado, pensando: ¿Por qué has sido tan ingente, Diego Velázquez, que para pintar el aire suspendiste en él unos brochazos que resultaron ser figuras?
Me imagino a Picasso abalanzado sobre la barandilla protectora tratando de ganar medio
metro de distancia para poder apreciar mejor las miles de genialidades que son cada una
de las pinceladas o emborronamientos sobre el viejo lienzo.

Es de suponer que iría descubriendo, poco  poco, la hechura de la sombra de la nariz de la
infanta Margarita, aparentemente tan suave y delicada, realizada no con pinceles sino con la hombruna huella del pulgar; y las flores del pelo, conjunto de pinceladas informes y groseras, o los ojos de Ia misma niña: dos manchones cuyo único secreto de realización es haberlos puesto en su justo sitio.

Me imagino a Picasso descubriendo el brocado del escote de la misma infanta Margarita,
resuelto con unas pinceladas oscuras, toscas y atrevidas por encima -aberración pictórica- del rubio cabello de la niña, como si se hubiera tratado de un despiste. Aquí, casi estoy seguro de que Picasso echó un taco maldiciendo irónicamente a Velázquez con sana envidia por haber descubierto, hace tres siglos, la antitécnica de la pintura.

Si Picasso hubiera tenido tiempo de escribir libros, hubiera escrito algo parecido
a lo del escritor de marras, sintiéndose niño ante el maestro. 

A Picasso, por oficio, le resultaba mas fácil expresarse a través de las formas y colores, en los que, al contemplarlos en sus cuadros sobre Las Meninas, se sentía tan
anonadado, que sólo podía pintar como un niño ante el gigante, trazando rayones y
manchas casi erráticas; y el perro, naturalmente esquemático en la nada, como si lo
hubiera pintado un “guaje" de tres años.

;Claro que se pasó días y meses haciendo palotes en los lienzos frecuentemente
inacabacos, expresando conscientemente su pequeñez ante Velázquez!

En las meninas de los ganchos en el techo, vaya usted a saber qué quiso expresar Picasso.
Me encantaría que alguien me lo descifrara. Yo creo que, simplemente, pensó que Velázquez ordenó quitar las dos arañas con velas -entonces era el modo de alumbrar por la noche las estancias reales- porque le molestaban para la realización del cuadro, y Picasso quiso que a nadie le pasara desapercibido el detalle: de ahí inventar y colocar dos ganchos.








En definitiva, lo que menos le importaba a Picasso, y en lo que quizás ni siquiera
pensara sería en las símbolos que se le atribuyen. Si hubiera expresado sus sentimientos por otros medios que no fuera la pintura, oralmente o por escrito, probablemente le hubiéramos oído: “Pablito nene pinta niña buapa, Maribárbola y Nicolás payasos  de la nena. Tita Sarmiento y Tita Velasco son buenas, pero a mi papá no le gustan las costumbres de los reyes con sus ayas y dice que son malas. Cuello al revés. El otro papá Diego de Silva y Velázquez buapo, bueno, grande, grandísimo, omnipotente, omnipresente, Dios, mi dios, dios del color, dios de las formas, dios de la composición, dios de las texturas, de la naturaleza, de los descubrimientos técnicos en la pintura, el único, el mejor, el inigualado. Yo, Pablito Ruiz Picasso, pequeñito».

Quizás este reconocimiento haya sido lo que posibilitara a Picasso entrar en el
reino de los dos o tres mas grandes pintores de Ia historia, ya que cuando era niño
pintaba como un hombre y cuando llego a ser hombre se atrevió a pintar como un niño.

(Jesus Garcia Castrillo)

miércoles, 25 de junio de 2014

La esposa de Bárcenas


Aquí nadie se enteraba de que le metían dinero a espuertas por la gatera, por la chimenea o por correo en sobres anónimos. La ministra no se había enterado de que alguien le pagó un cochazo, el Mas no sabía ni dónde localizar Ginebra en el mapa. Madalena no sé qué otro lío, Gordillo no se enteraba  de que le metían en la buchada  dos sueldos ilegales, el comunista americano Güili Meyer no sabía que tenía un fondo opaco en Luxemburgo, la hermana del Rey (con Mayúscula, si acaso) tampoco se enteraba  de lo que le entraba en la cuenta corriente del banco en el que trabajaba, los de la UGETÉ ni repajolera idea de dónde le procedía la pasta de las comilonas en la feria, el chaval con cara de póker ni puta idea de que Maduro le endiñaba casi cuatro kilos de eurazos, Bárcenas, se enteró por su mujer de que tenía la pasta en Suiza. La única que sabía de verdad dónde tenía los cuartos era  Rosalía, mi paisana, la maragata, la única que no pertenece a “la casta”, la única honrada. Dicen que los maragatos saben cuidar su dinero como nadie y en qué saco de la despensa lo guardan. Por eso tenemos fama de tacaños, pero es una calumnia que se ha extendido porque los maragatos del reloj del Ayuntamiento de Astorga, unos años que estuvo estropeado, al dar las campanadas daban las horas y las medias pero no daban los “cuartos”.

No sé si lo que me sale es la furia de la tribu, pero me parece que Rosalía es la única que vale su peso en oro, por lista y por honrada. “Viva la República Independiente Maragata”. “El Jerga puerto de mar.”

martes, 24 de junio de 2014

El poder de las alfombras

  • -Diablos tienen las alfombras.
  • -No sé qué tienen, sí, que a todos les gusta pisarlas.
  • -El subconsciente traiciona a los falsos profetas como el tintineo de las monedas traiciona a quien se hace el sordo y vuelve la mirada al oírlas caer al suelo.
  • -¿Será porque alguien ha tenido que extenderlas para que las pisemos?
  • -¡Ay, las alfombras…! Son el símbolo del pisoteo de las personas. 
  • -Será… será… ahora que lo pienso.
  • -Pisemos el duro suelo, entonces, por si acaso nos apoltronamos.
  • -Vamos, anda, que nos queda mucho camino hasta llegar a Alepo….  (Los canteros de Elohim)

lunes, 23 de junio de 2014

Pablo, su profesor y sus colegas entran en el hotel Ritz

Eva: —¿En qué hotel será la cena?
Clara: —Mañana iremos Leo y yo a reservar el Ritz. Lo habíamos decidido hace mucho tiempo. Hay que celebrarlo por todo lo alto.
Leo: —La fecha es buena porque... Y está escogida a posta por varios motivos, uno de los principales es que ni es martes, ni trece, ni viernes.
Jorge: —Muy bien, para los supersticiosos.
Profesor: —Os pasaremos a todos el archivo con el libro terminado para que podáis leer el primer borrador antes de la cena, a espera de la sorpresa del Vasco, que me ha escrito ahora otro mail y me ha anunciado parte de la sorpresa, pero no ha querido revelarme todo. Sólo me dice que es algo que quiere añadir al libro, y que acaba de comprar el billete de avión on-line.
Pablo: —Pues vaya intriga. A nosotros esa fecha nos viene perfecta. Esa semana no tengo vuelos y Alice no tiene problema, que es la jefa de su negocio... Mañana al ginecólogo.
J. Carlos Gutiérrez: —¡Eh! Que acabo de incorporarme: ¿Dónde será la cena? Que yo no me la pierdo.
“En El Ritz, en el Paseo del Prado” —respondieron varias pantallas al mismo tiempo.
Carlos Gutiérrez: —¡Ah! Es que se me había ocultado la pantalla, y no os veía.
Clara: —A las nueve de la noche, allí nos encontraremos.
El día siguiente, Pablo se fue para Boston. Lo llevamos Clara y yo al aeropuerto. Menos mal, porque a los pocos días se paralizaron todos los aviones por una huelga total de controladores aéreos.

Capítulo XIV
99
Clara y yo recogimos al Vasco en el aeropuerto. Los aeropuertos ya funcionaban, aunque todavía en estado de alarma, dada la militarización y la mano dura del gobierno, según nos informaba el taxista. Algo ha pasado con los controladores aéreos, pero, con la preparación de nuestro evento, y la maquetación del libro, no he tenido tiempo de enterarme de detalles. Ya le preguntaremos a Pablo.
Llevamos al Vasco al mismo hotel Ritz donde quiso hospedarse a pesar del precio. Como otro idiota me emocioné al saludarlo. No sé qué me está pasando. Debe de ser que me estoy haciendo viejo prematuro.
Cuando lo dejamos en el hotel, me dijo Clara:
—Tiene que haberle ido bien en Argentina.
—Pues debe de ser al único —le respondí—. Supongo que además de la enseñanza se habrá dedicado a otros negocios más rentables.
Por la tarde, nos presentamos en el hotel, media hora antes de la cena por si alguno se adelantaba.
En el vestíbulo esperamos un rato; mientras tanto, como todavía nadie aparecía, nos acompañó un maître al comedor reservado, para que diéramos el visto bueno a la preparación de la mesa.
¡Hala! ¡Trescientas copas para cada comensal! ¡Qué barbaridad! Los adornos florales derrochaban colores entre los entremeses y canapés exóticos que se desbordaban en las fuentes. Los destellos de luz en la cubertería de plata nos deslumbraron.
Me decía Clara en un aparte, mirando las columnas, los techos y los cortinajes, aprovechando que el maître se adelantó un poco:
—¿No te parece demasiado lujo para celebrar la culminación de un libro?
—No vamos a redimir el mundo por prescindir de una celebración histórica. Un día es un día, y única ocasión para reunirnos los profesores y alumnos de antaño ¿Qué son más que nosotros los jefes de Estado cuando aquí se hospedan invitados por el Gobierno? En lo único en que nos diferenciamos es en que nosotros lo pagamos de nuestro bolsillo, y no de los presupuestos del Estado. Desde luego, el hotel es precioso. Cuando vinimos a reservarlo no me fijé tanto.
Se nos hundían los zapatos en las moquetas.
Mientras esperábamos a que se llenara la mesa lujuriosamente decorada en medio de dos grandes columnas de fuste liso y capiteles afiligranados, nos cruzamos besos y abrazos emocionados donde no hacían falta las presentaciones con Eva y su familia, que llegó muy puntual a la cita.
Entró Nora acompañada de un botones hasta la sala. Se la presentamos a Eva. Clara hacía de anfitriona.
—Yo había quedado en buscar a Alfonso Sierra y a Juan, los conserjes —le dije al profesor que subía la escalinata con la carpeta del libro debajo del brazo— y por más que he buscado no he dado con ellos. Hubiera sido un puntazo que hubieran venido. Las que han estado a punto de venir, y que al final no han podido, han sido Candi, la directora, y Nachi; siguen dando clase y no se atrevieron a pedir permiso para esto.
—Yo había imaginado —dijo el profesor— que de no reunirnos en fin de semana, habría muchas ausencias, pero, por si acaso me equivocaba, no quise disuadirte de tu empeño de reunirlos a todos alrededor de “mi libro”.
El maître se apartó discretamente de nosotros y miró el reloj con disimulo.

Habíamos quedado a las nueve y ya eran las nueve y veinte. Yo miré a Pablo de reojo, y él me respondió con movimientos de cabeza a ambos lados y de cejas preocupadas…

domingo, 22 de junio de 2014

Susi Underground, una gran poeta de la generación de internet.

"El ruido frío” (poema), que lo rumie todo el mundo como  lectura obligada, incluso los frailes y monjas de clausura después de sus meditaciones delante del Santísimo; para comprobar cómo hay poetas que superan a San Juan de la Cruz o a Santa Teresa. ¡Qué grande la generación de internet hecha poemas! Susi Underground en el mismo Olimpo que mi amigo de infancia Leopoldo Panero (alias Poldi, cuando jugábamos en la calle de la Catedral de Astorga) con una diferencia, ya que Susi está chiflada, pero no está loca…. ¡Qué paloma tan señora…”

http://susi-underground.blogspot.com.es


sábado, 21 de junio de 2014

¿Constitu...qué?

¿De qué hablan, señores? ¿Consitu…qué? Mientras mi voto, cuarenta años desgastando pizarras en aulas de Castilla- León, de Cataluña y de Andalucía, valga veintiséis veces menos que la un chaval que acaba de salir de la ikastola, alguien me roba dignidad y dinero. Ni siquiera pido que el mío valga el doble, no, sólo que valga igual que el suyo. Una persona, un voto. Lo demás son cuentos… don Felipe VI.

lunes, 16 de junio de 2014

Alargamiento y condensación de las palabras.

Cada lengua se va adaptando en su evolución según la peculiaridad de sus hablantes: unos componen palabras, otros forman perífrasis, otros acortan elementos. 

La tendencia ha sido siempre a economizar elementos; y cuando se ha economizado tanto que desaparece la palabra, se ha sustituido por un elemento perifrástico agrandado la expresión, y vuelta a empezar economizando. Como la vida misma: los abuelos ahorran, y ahorran, y los nietos despilfarran y llegan a la miseria… hasta que los biznietos vuelven a surgir y se enriquecen para que los choznos vuelvan a la ruina, o como las alternancias políticas….

Volvamos a la economía y evolución de las lenguas con un ejemplo:
Los antepasados de nuestras lenguas romances, decían “nihil” para expresar el concepto de “carencia de existencia” y la palabra se va desgastando con los siglos: “niil” >  “nil” > “ni” > “n”   y, antes que desapareciera, cuando ya no había significante para expresar la carencia de existencia, se sustituyó por una perífrasis: “non nata res”, al pie de la letra: “no nacida cosa”; y vuelta a economizar: 
En castellano “nata” > nada. (paradógicamente significando todo lo contrario que antaño)
En catalán: “res” y ahí están todavía… en “res de res”.

En francés se fundió “res” con la nasalidad de “non”: “rien” y así en todas la lengua románicas, cada cual con sus peculiaridades.

domingo, 15 de junio de 2014

Imbéciles, sí...

Cuando veo con estupor que una mayoría de españoles ve tan normal:
  1. Que unos chavales corriendo detrás de un balón, cobren incontables millones de euros.
  2. Que una chavala americana venga a Barcelona a blandir la ikurrina y,  no contentos con eso siga en Madrid -a 75 euros la entrada- haciendo cabriolas y emitiendo gritos, para llevársenos  un millón cien mil euros, con la que dicen que está cayendo, a no ser que sea todo mentira y a todo mundo le sobre el dinero excepto a los pensionistas.

Dan ganas de sacudir los zapatos y salir corriendo… Lo malo es que ya nos ven tan imbéciles que no nos admiten en ninguna parte…

sábado, 14 de junio de 2014

Miley Cyrus

Que paguen  miles y miles de euros a Miley Cyrus por ir a echar unos gritos al Palau  de Barcelona en semipelota picada, ondeando la bandera de la Comunidad Autónoma de Cataluña y que confunda Cataluña con Euskadi, y blandiera la ikurrina en vez de la estelada -vaya ridículo-,  sólo indica que España, no merece llamarse España sino “Este País”  como  a algunos les ha dado por llamarla, pero no un país cualquiera, sino un país en el que se imponen unos cuantos pobrecines  gilipollas. Eso sí, los americanos, cual Mister Marshal, llegaron, blandieron la Ikurrina en Barcelona, porque les habían dicho que eso “ponía” y era la manera de llevarse los cuartos con alegría de unos indígenas de Spain, se llevaron la poca pasta que nos quedaba, y aquí paz y después gloria. ¡Bastante saben ellos dónde está Cataluña y dónde  el País Vasco! Ni siquiera dónde está España, que la mitad de la población americana se cree que es un estado de México. ¡Qué pena… por Dios…!  Y nosotros como idiotas mirando “pa” ellos, y sin una gorda. A ver si alguien jóven lo remedia, porque los viejos ya hemos demostrado hasta dónde hemos llegado.

miércoles, 11 de junio de 2014

República Catalana, República Maragata.

Yo estaba preparando un referéndum en la maragatería para, si lo ganáramos, proclamar la “República Maragata” con capital en Astorga multimilenaria y romana, y me sorprendieron esta mañana unos cuantos parlamentarios compitiendo. Ahí en Astorga y sus alfoces y aledaños sí que tenemos tradiciones antiguas, y vestimentas propias y únicas, y músicas y jotas autóctonas de las que se pierde su antigüedad en la oscuridad del tiempo, sin necesidad de que un músico nacido en la provincia de Jaén venga a inventarnos la sardana. Y tenemos la “ikurriña” auténtica de Clavijo: por bandera, que no quede la superioridad histórica. Por vocablos bonitos, para comparar, sólo hay que leer a Concha Espina. Catedral por catedral allá que se andan.  Entre las monchetas con butifarra  y el cocido maragato es que no hay color… eso lo saben hasta los japoneses. Entre el Palacio de Astorga y La Sagrada Familia, los dos de Gaudí, qué diría yo, el tamaño es lo único que los diferencia y todos sabemos aquello de dónde se guardan las esencias: pues en los frascos pequeños.
Hoy he visto por televisión proclamar no sé cuántas repúblicas  y sin embargo teniendo yo más razón no me han dejado ni expresarme, “tan siquiera”, para preguntar por el derecho a decidir si yo podría ser el Vicepresidente de la República Maragata, porque el de Presidente ya se lo había reservado al que fue el mejor alcalde y con más dilatada experiencia política. Amigos catalanes, vascos, gallegos y maragatos: o el pueblo  español, en el que reside la soberanía, cambia la Constitución para permitir independizarnos, o tenemos que permanecer unidos para hacernos más fuertes, más ricos y más solidarios. Pero nunca renunciaremos a nuestra idiosincrasia maragata: ni a nuestra lengua ni a nuestras tradiciones, porque si hiciéramos el referéndum, sin duda saldría votado el "sí" por el cien por cien de los consultados ¡Viva Pedro Mato! ¡Viva Astorga! ¡Vivan las mantecadas!

Pablo Iglesias y Podemos

Amigo Daniel: Permíteme contestar en mi “facebook” a tu “e-mail“,  en el que valoras al joven político Pablo Iglesias y lo postulas para Presidente del Gobierno. Cuando leí que es el único que puede  “dar por el c.” a los dos del bipartidismo me sorprendió el exabrupto con el que no puedo estar de acuerdo. Creo que “dar por el c.” no es un valor ni político ni humano. Otros puntos de tu misiva los suscribo totalmente y estoy  plenamente de acuerdo: Imitará a Angela Merkel viviendo en su piso de siempre y se desplazará a trabajar a su oficina de La Moncloa todas las mañanas, se impondrá el sueldo nunca mayor de 1900 euros, dejará en ridículo a los de “la casta” con su ejemplo. ¡Claro que no es necesario disfrazarse de perifollos ni chaqués, ni corbatas para actos oficiales…! Ahí has tocado mi fibra sensible.
Con otra cosa con la que no estoy de acuerdo es con que va a poner “a los curas a caldo”. Tu expresión no me gusta, lo primero porque es ofensiva no sólo para los curas sino para cualquier persona, y además, de los curas de mi colegio  en Salamanca no guardo más que buenos recuerdos y les tengo aprecio, sobre todo al director don Estanislao Calvo Ariño y al cura Frechel Merino y no digamos a don Hortensio Velado Graña y también de su hermano don Bernardo.

Ah, y sigo pensando que, si no lo ha hecho, debería pedir perdón a Rosa Díez por el lío que le montó en la Complutense. Saludos

martes, 10 de junio de 2014

El partido de Monedero y Pablo Iglesias.

Dicen que Blesa, el de Caja Madrid, mientras robaba preferentes  a los ancianos y desahuciaba  a los que se habían quedado en paro, esos miles y miles de euros se los pasaba a través de su amigo  el hijo del Rey, al chaval de la coleta. Pero ojo, hay que estar seguros antes de difamar, que igual es un montaje de fotoshop, que  en internet todo es posible… Dudemos hasta estar seguros…. y si se demostrara y fuera verdad, entonces que le den morcillas…

Martín en Khor Virap

https://steemit.com/spanish/@jgcastrillo19/martin-castriello-y-blas-de-lezo


No tuvimos más remedio que seguir viajando, sin apenas descanso, hasta el monte Ararat, en cuya cima se decía que se conservaba el arca de Noé intacta con esqueletos de algunos animales. Pero nuestro ánimo decaído, por carecer de esperanza, no estaba para comprobar los pasajes bíblicos. Lo rodeamos cruzando corrientes de ríos numerosos y cristalinos con peces grandes que se dejaban acariciar y pescar con las manos.
Descansamos entre el verdor de una inmensa llanura y después de otra larga caminata subimos al monasterio de Khor Virap.
Alfa y Omega habían pasado allí una larga temporada después de la anterior cruzada instruyendo a los monjes sobre cómo sanar heridas, pues estaban tan atrasados que todavía confiaban en que únicamente la voluntad de Dios era la dueña de las curaciones.
Decidimos dividirnos por si acaso… Mientras que ellos se adelantaron a tantear la entrada y los alrededores, yo me quedé rezagado vigilante debajo de unos árboles en flor que sólo había visto por estas tierras dar unos frutos amarillos como el oro y carnosos, riquísimos.
Aproveché el momento en el que me quedé solo para enterrar, al pie de uno de esos árboles, el fardel con todo el oro que llevaba dentro. Tuve que cavar un hoyo con la piedra más puntiaguda que encontré. No lo cavé muy profundo, solamente lo justo para taparlo dos cuartas con tierra y arrastré las piedras más grandes que encontré en los alrededores para colocarlas encima.
Los vi entrar en el monasterio, y al cabo de un rato salió Alfa, diminuto a lo lejos, para decirme por señas que me acercara, que no había peligro.
El fraile que nos recibió era nuevo y sólo él y otros tres permanecían en el monasterio. El resto hacía penitencia en lauras de las montañas hasta que llegara la celebración de la Pascua.
Les dijeron sus verdaderos nombres pero yo seguí llamándolos Alfa y Omega.
En nada se parecía el recibimiento al de los benedictinos de San Pedro en los montes Aquilanos. No obstante, el fraile con hábito negruzco y larga barba nos preguntaba doctrina, pero, como si a la vez nos quisiera instruir, si Jesucristo tenía una o dos naturalezas, dándonos a entender lo que teníamos que responderle: que sólo tiene naturaleza divina; porque ya se había encontrado con otros cruzados duros de mollera caídos en la herejía de considerarlo no sólo Dios sino también hombre.
Alfa y Omega chapurreaban y chapurreaban con él, pero no supieron qué responderle, porque, a pesar de que lo entendían, no quisieron meter la pata por si acaso eran malinterpretados, y optaron por darle la razón aceptando los dogmas que él quisiera, y reconociendo, incluso, que, hasta ahora que habían encontrado la verdad, habían estado muy equivocados.
A pesar de que ellos habían tirado las capas antes de llegar al monasterio, el fraile los identificó antes que a mí como templarios, porque conservaban la cruz paté en el mango de la daga. Todavía no sabíamos si simpatizaba o no con los cruzados, porque nos desorientaba: por una parte nos acogía en el monasterio y por otra se enfurecía cuando Alfa y Omega lo contradecían. Pero se escudaban, con éxito, en que no habían entendido perfectamente el idioma. Había que proceder con cautela, y los médicos respondieron asintiendo a las preguntas retóricas que les siguió formulando, con lo que el fraile quedó satisfecho y nos dejó dormir y comer en el monasterio.
Yo envidiaba aquel don de lenguas que a mí Dios me había negado, y que a ellos les había concedido, así como a los dos apóstoles del mismo Jesucristo, San Tadeo y San Bartolomé, que llevaron la predicación a aquella tierra, como dice el Evangelio de San Marcos y el libro de los Hechos.
En otros momentos, terminada la última cruzada, enseñoroeándome victorioso cerca de aquellos territorios, cuando había aprendido unas cuantas palabras y frases cortas y esenciales para entender lo más rudimentario en la lengua de los mahometanos, al cambiar de lugar, otra tribu o comunidad islámica me sorprendía con otras palabras distintas para decir lo mismo, como si los mahometanos hablaran distintas lenguas. En esas tierras de Babel, cada pueblo tenía su lengua propia, por lo que yo nunca podía pasar de aprender tres o cuatro palabras de cada una.
Los frailes orto-doxos, como a sí mismos se llamaban, que quiere decir que no se han apartado del camino recto, como se apartaron los apóstoles que marcharon a evangelizar Roma, nos asignaron tres celdas en las que sólo había un camastro de palos y un jergón de pajas presididas por una cruz de doble brazo.
Como la mayor parte de los monjes permanecían todavía en las lauras en la montaña, y bajarían al monasterio cuando terminara la Cuaresma, podríamos quedarnos en sus celdas vacías para hacer oración hasta que regresaran y nosotros necesariamente tuviéramos que abandonarlas.
 Me dormí, por fin, con tanta tranquilidad y seguridad de la que tanto tiempo había carecido, que el jergón crujiente y duro me parecía lecho de plumas, de tal manera que no desperté hasta la tarde siguiente en que oí gritos y ruidos de peleas. Creí oír las voces de Alfa y Omega entre el alboroto. Cuando, para salir, abrí la puerta de la celda, dos mahometanos me sorprendieron con las cimitarras en alto, ante los que me arrodillé diciendo repetidas veces: “¡la ilahu ilah Alah! ¡Alah akbar! Esto me lo entendieron perfectamente. Aflojaron los brazos y me perdonaron la vida, pero me tiraron a una mazmorra después de quitarme mi daga; al dar en el suelo desde aquella altura, creí que se me habían roto todos los huesos.
Persistían las voces, que no logré descifrar, se oían carreras con jadeos y el retumbar de zancadas en vaivenes constantes como si saltaran chasquidos de hierros: eran ruidos de lucha encarnizada.
Después de unos alaridos desgarradores se impuso un silencio abismal. Yo no podía mover la pierna izquierda y me dispuse a morir con grandes dolores por todo el cuerpo.
Al recordar a Gelvira renegué de Dios, pero no tardé en volver a la cordura del arrepentimiento, llorando como un niño y rezando el “Señor mío Jesucristo” para morir con la Gracia Divina.
Pasaba el tiempo y no sabía si era de noche o de día. Al principio sentía hambre, pero, pasados no supe cuántos días, ya no sentía nada, ni siquiera dolores en los huesos.
Llegué a preguntarme qué habría sido de los pergaminos que habían quedado metidos en el zurrón en la celda. Quizá Alfa y Omega los habrían recuperado. Llegó un momento en que le pedí a Dios que me llevara con Él cuanto antes. Llamaba con la poca voz que me quedaba a Alfa y Omega, pero seguía el silencio.
Caí en un desánimo infinito, hasta que, por fin, al cabo de muchos días, alguien respondió a lo lejos; me lanzó una soga pero ya no tenía fuerzas. Al querer mover los brazos, se me derretían. Al cabo de un rato lanzó una escala y descendió por ella. Me hablaba como preguntándome pero no le entendía nada. Era otro fraile del monasterio según más tarde supe. Clavó unas tablas y me colocó encima, las ató con la soga y tardó una eternidad en montar el andamiaje con una polea, pero, al fin, logró sacarme de la mazmorra.
A la salida, estaban los cadáveres de Alfa y Omega llenos de gusanos.
Intenté preguntarle por los cuatro frailes, pero no nos entendimos.
Yo sólo le entendía: “San Gregor Iluminator”, entre todo lo que hablaba. Por los gestos y ademanes, como si diera gracias al cielo arrodillándose y persignándose fervorosamente, traté de entender que su santo había hecho el milagro de mantenerme con vida. Me llevó a mi celda arrastrándome y me colocó con el máximo cuidado encima del jergón, en el suelo, sin cama, porque cuando intentaba subirme me produjo tal dolor en la cadera que me quedé sin sentido hasta que desperté con el fraile dándome agua a traguitos pequeños y otros dos frailes mirándome desde arriba rezando oraciones en idioma armenio, bendiciéndome. Cada vez que intentaba mover la cadera, el dolor seguía siendo terrible y me volvía a quedar dormido sin sentido. Así pasé muchos días. Me daban de comer sopas insípidas al principio, que luego fueron pareciéndome riquísimas. Los dolores cedían tan despacio que no notaba mejoría de un día para otro, hasta que, poco a poco, se convirtieron en cojera de la pierna derecha.
Me sacaron al patio ayudado por dos frailes mozalbetes; y más tarde, ya me tenían hechas dos muletas. Entre rezo y rezo llegué a bajar a una campiña verde donde estaban nuestros tres caballos, gallinas, y vacas de leche. Cuando ya no tenía dolores podía andar y correr incluso, pero tullido. Quedé con esta cojera que he arrastrado para siempre.
Un día me sorprendieron con una celebración litúrgica colorista entre cientos de velas encendidas y cantos del coro de frailes quemando incienso. Me colocaron en la pequeña iglesia pétrea, entre las lápidas de las sepulturas donde habían enterrado a Alfa y Omega,[i] a los que nombraron precursores del milagro. En el retablo habían colocado una pintura de San Gregorio Iluminator, una copia perfecta —pintada en una tabla a tamaño de una persona—, de la que llevaba yo en mis pergaminos desaparecidos. Con miles de gestos y algunas palabras que había aprendido, les entendí el significado de la fiesta. San Gregorio Iluminator había estado preso en mi misma mazmorra hacía nada menos que 1000 años, y había hecho el milagro de conservarme la vida. Aquel día comimos panes dulces con higos y pasas como algo extraordinario. Y me entregaron uno de los caballos y las dos dagas de Alfa y Omega.
Yo les preguntaba por los pergaminos, pero, nadie sabía nada o no querían decírmelo. No lo supe. Tampoco pude enterarme del destino de los cuatro frailes que desaparecieron con ellos.
Al principio pensaba que me mentían, pero a medida que los fui conociendo, me fueron pareciendo unos hombres virtuosos y compasivos. ¡Eran buenines! No albergaban la más mínima malicia. Se santiguaban al revés: en la frente, en el pecho, en el hombro derecho y en el izquierdo; y no como nosotros, que primero pasamos la mano por el izquierdo. Terminé absolutamente convencido de que no sabían nada y no me mentían. Aquellos cuatro frailes habían desaparecido misteriosamente con los pergaminos. Quizá los habrían matado, persiguiéndolos, los enemigos del Cristianismo.
No tenía más opción que volver con Gelvira para siempre sin los pergaminos y dejar el Temple y a Roderico abandonados a su suerte.
En la biblioteca, que también hacía de scriptorium, uno de ellos me enseñó el alfabeto armenio y llegué a entender muchas palabras sueltas pero no a hablar la lengua. Sólo envidiaba a los que Dios les había dado el don de aprender otras lenguas rápidamente. A mí me parecían todos los sonidos iguales.
A nadie revelé el pie del árbol donde tenía escondido el oro de Gelvira, protegido por cuatro piedras enterradas, pero de lo que más me interesaba, los pergaminos que alguien me había robado, nadie me daba referencia por más que preguntaba.
A pesar de todo, me asaltaba una y otra vez la duda y pensaba y analizaba todos los detalles de la vida cotidiana. Lo más misterioso para mí era el paradero de los cuatro frailes de los que tampoco sabían más que habían desaparecido. ¡Sin duda, ellos me los habían usurpado! Alguien tenía que saber el paradero de los pergaminos, pues el nuevo santo que había aparecido en el retablo de la iglesia era una copia exacta de la miniatura que me pertenecía. Lo más seguro sería que un fraile del monasterio, al ver “El Iluminator”, pensara que era suyo y no fue intención robarlo sino que interpretó que el ladrón había sido yo, que lo habría robado de una iglesia o de otro monasterio de la Iglesia Armenia de San Tadeo y San Bartolomé, discípulos y apóstoles de Jesucristo, porque Iluminator les pertenecía. Por más vueltas que le di, no llegué a otra conclusión verosímil.
¿Qué podría seguir haciendo?
Me vi desolado cuando, después de pasar tantas calamidades, no tenía nada más que las monedas de oro, aunque era reserva suficiente para volver con Gelvira.
¡Cojo, y con la cara desfigurada!
Una tarde, contemplando el monte Ararat en la estampa más bella que pueda imaginarse, emergiendo de la llanura inmensa, cubierto de nieve en su mitad superior, lo comparé con el Teleno imaginando a Gelvira contemplándolo a la misma hora. ¿Qué estaría haciendo? Quizá mirando hacia el este y escribiendo en el aire un mensaje para decirme que me esperaba impaciente con un beso lanzado al mismo cielo que yo contemplaba encima de la nieve del cono de la cumbre.
Me sentí impotente para volver a los montes Aquilanos con mi pierna quebrada y dolorida. Mis posibilidades de subsistencia se reducían a la mitad, y me entró tal angustia que derramé yo solo lágrimas de desconsuelo. Al día siguiente, por la mañana, me sentí más animado a regresar —a ver de qué manera—, únicamente con la esperanza de reunirme con Gelvira para siempre. Cuando me quedaba en la biblioteca estudiando palabras en armenio, repasaba, uno por uno, los pergaminos y papiros del monasterio, pero no encontré los míos. Me culpé de haberlos perdido y hasta me sentí responsable del final del Temple, porque habérmelos dejado robar era lo mismo que haberlos perdido.
Me obsesionaba pensando, repitiéndomelo en la cabeza, que el fraile que me los habría robado al ver “El Iluminator” en una miniatura, habría pensado que era suyo y no fue intención robarlo sino que interpretó que el ladrón habría sido yo —machaconamente me lo decía a mí mismo—, que lo habría robado, a su vez, de una iglesia o de otro monasterio de los suyos, porque San Gregorio Iluminator sólo a ellos les pertenecía. Una y otra vez me lo repetía pero no encontré el modo ni el momento ni la expresión correcta para comunicárselo.
Sentí como un castigo del cielo la diferenciación de las lenguas.
Cuando parecía que la paz reinaba en el monasterio, llegaron los monjes de los monasterios del lago de la altiplanicie cabalgando con las colecciones de sus bibliotecas. Dieron el aviso: había que salir corriendo a esconderse en los agujeros de la montaña. Un ejército de mahometanos venía asolando los monasterios armenios. En un momento cargaron en alforjas de madera todos los escritos de la biblioteca. Yo cogí mi caballo y comprobé que mi cojera no me impedía montarlo. Me obedecía al tirar del ronzal pero no podía compararlo con Áureo. No le puse nombre porque lo intenté varias veces, pero no me obedecía. Sólo conseguí que anduviera cuando le decía: “¡Arre, caballo!”. Y que parara cuando le decía: “¡Soo, caballo!”.
A pesar de que tenían preparada la estampida de emergencia, tardaron un buen rato en cargar la biblioteca.
Encontré la ocasión de separarme de los frailes a los que les debo la vida, pero saqué fuerzas para seguir mi camino sólo y me dirigí al norte. Después de dos jornadas cabalgando, desde la lejanía, por la noche, vi arder el monasterio. Khor Virap fue quemado después de salir huyendo todos los monjes armenios con la biblioteca a cuestas, cuyos manuscritos eran más numerosos y más bellos que los de San Pedro en los Montes Aquilanos.
¿Mis pergaminos habrían quedado allí dentro o habrían sido librados del fuego con el resto de la biblioteca?
Fueron jornadas de duros caminos a través de las montañas, pero encontré habitantes en poblados pequeños con los que me entendí dibujando en el suelo la Cruz de Cristo y pronunciando las pocas palabras que había aprendido. Pasé otros pueblos en los que hablaban otros idiomas y sólo me podía entender por gestos. No experimenté grandes peligros, más que duras montañas con barrancos profundos, pero alternando la dureza de las montañas con vergeles frondosos; y al final, palmerales en las llanuras. Llegado a la costa me dirigí a las playas de Batumi. Até el caballo para que paciera en la pradera. A la sombra fresca de una palmera me eché a descansar un rato. Busqué una piedra para afilar las dagas. Y otra más áspera para raspar la cruz paté esculpida en el hueso de la empuñadura. En lo sucesivo no podía cometer ni el más mínimo despiste que me delatara, porque cuanto más me acercara a Ponferrada, más peligroso sería para mi persona.
En Batumi no necesité buscar techo y dormimos mi caballo y yo bajo las estrellas, en la playa. 



[i]
Episodio 37
Sólo se conserva una de las dos lápidas que dice: “Krisdòs vortì Asdudzò / anvojagal e parekùt / ktà ko / ararachagàn sirovt i hokìs / hankutseal dzaraits ko / Amen” Cristo hijo de Dios / sin rencor y piadoso / apiádate / con tu amor Creador / de mi alma / De tu difunto servidor /Amen. (Traducido por Cristian Sirouyan)

domingo, 8 de junio de 2014

Monarquía o República

Ayer salí al paseo marítimo con una carpeta y unos folios simulando un encuestador en la vía pública. Me acerqué a un grupo de muchachos y muchachas  en una cancha de voley- playa.
- ¿Queréis responder a una encuesta? -les pregunté-. ¿Monarquía o República?
República, República - me contestaron entre risas y alborozos.
¿Y si sale elegido el Presidente Rajoy como presidente de la República?
Ah. no no,  -me respondió la chica más pizpireta-, entonces habría que hacer otro referendum para que salga Pablo Iglesias…

Me parto de risa….

lunes, 2 de junio de 2014

Dedicatorias

Una lectora de “El Baco” me pregunta, y comenta la dedicatoria inicial: por qué sólo está dedicado a tres de mis cinco hijos. No es la primera vez que me han preguntado esto, pero no tiene mayor trascendencia ni misterio. Simplemente, fue una manera de obligarme a escribir y publicar el segundo libro que me bullía entonces en la cabeza y así dedicarlo a mi mujer y a los otros dos hijos. Cuando terminé “El enigma de Baphomet”, mi familia había aumentado en siete nietos y cumplí conmigo mismo. Para pensar en la dedicatoria del tercero, con el que ando, tengo todo el tiempo del mundo mientras Dios siga dándome salud.

Dedicatoria de “El Baco”:
“A todos mis maestros de Astorga (a los que más debo); y de Salamanca, especialmente al doctor López-Ibor Aliño (catedrático de Psicología y Psiquiatría), y al de Lingüística Románica don José Luis Pensado Tomé.
A “Tito” (que impacientemente me requería todas las noches para que le leyera las páginas nuevas que había escrito), a Manuel; a Alba, y a mis  alumnos, por supuesto."

Dedicatoria de “El enigma de Baphomet”:

"A Charo, a Javier, a Pablo, y a mis nietines: Javi, Julia, Teo, Luz, Olivia, Víctor, Carmen..."