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La Transmodernidad se encuentra con Reger: Tito García González entusiasma en WeidenTreinta años después, el pianista español regresó a Weiden invitado por los Amigos de las Jornadas Max Reger. El público respondió a su actuación en el salón del Ayuntamiento con entusiastas aplausos.
Por Kerstin Kiener
Enérgico en el ataque y sensible en la interpretación, Tito García González presentó en Weiden un programa que reunió obras de Reger, Albéniz y composiciones propias.
Hacía ya treinta años que González había actuado en Weiden gracias a su profesor, Kurt Seibert. El contacto con la ciudad nunca llegó a perderse y, especialmente, la familia Galle mantuvo durante todos estos años su relación con el pianista. En esta ocasión, Horst Pätzold, presidente de los Amigos de las Jornadas Max Reger, fue el encargado de darle nuevamente la bienvenida.
El concierto comenzó con seis miniaturas de Träume am Kamin (Sueños en el hogar), de Max Reger. González abordó estas piezas con gran sensibilidad y desde una interpretación cuidadosamente meditada. El complejo lenguaje musical de Reger plantea considerables exigencias al intérprete, y el pianista supo encontrar un enfoque convincente para estas pequeñas piezas de carácter.
A continuación, la Suite del Zodíaco, de Pedro Vilarroig, llevó el concierto hacia un universo sonoro de carácter más romántico.
El punto culminante de la primera parte llegó con El Puerto, de Isaac Albéniz. González ofreció una interpretación arrebatadora y llena de energía de esta gran composición, en la que destacó especialmente la fuerza y rotundidad de su pulsación.
El camino de González hacia la composición había comenzado, sin embargo, mucho tiempo atrás. Al recordar un concierto celebrado en Weiden treinta años antes, el pianista, doctor en Música, relató cómo entonces sufrió un bloqueo de memoria: «De repente ya no sabía dónde estaba y simplemente seguí tocando hasta que conseguí reencontrarme con la pieza». Después del descanso, el público pudo comprobar hasta dónde le había conducido aquel camino.
El término «Transmoderno» podría hacer pensar inicialmente en un lenguaje musical radicalmente moderno. González lo entiende, sin embargo, sobre todo como la unión de diferentes mundos musicales. Sus Ocho miniaturas para piano permitieron experimentarlo de forma directa.
Cadenas, La salida, Pedaladas, Benevolencia, Viento, Amanecer, La llegada y Las bicis de Sanse se presentaron como pequeñas piezas de carácter programático. Cada una de las miniaturas poseía una personalidad propia, evocaba imágenes y conseguía implicar al público. González las interpretó con perfiles bien definidos, riqueza de matices y evidente placer al tocar.
Con la Balada a Sir Paul, González rindió su particular homenaje musical a los Beatles. El oyente atento podía reconocer en ella reminiscencias de algunos de sus grandes éxitos, entre ellos Yesterday y Hey Jude.
Los entusiastas aplausos llevaron finalmente a una propina. González volvió a El Puerto de Albéniz y puso así un brillante y fulgurante punto final al concierto.

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