viernes, 21 de agosto de 2015

Monserrat Corulla miente

Cuando uno oye brutalidades como la que dice M. Corulla: “Franco envió trenes de andaluces para diluir a los catalanes”, se ponen los vellos de punta  porque yo estaba allí y no es cierto. Entonces, los mejores albañiles (en Barcelona se les llamaba “paletas”) eran andaluces, y los mejores maestros eran andaluces, extremeños, gallegos, leoneses y del resto de España. 
    El año 1969 yo trabajé tres meses en Barcelona, por eso hablo con conocimiento de causa. Eran muy pocos los maestros nacidos en Cataluña porque la profesión de maestro era despreciada ya que ganaban pocas “pelas”. “Maestro no” -decían los padres a los hijos-, “ingeniero para la industria, o perito textil u otra profesión más lucrativa, como viajante por el resto de España" para vender las mercancías fabricadas en Barcelona, eso sí -les inculcaban-. Faltaban maestros en Cataluña y solicitaban maestros de toda España, los mejores y más jóvenes. Ni aun así cubrían las necesidades para seguir alfabetizando Cataluña, de manera que crearon la figura de “·Maestro Sustituto Idóneo”, que sin tener el título de maestro, pero sí el de bachillerato y siendo estudiante universitario, se podía ejercer como maestro titular de una Escuela Pública para cubrir las bajas por enfermedad o los permisos de tres meses por asuntos propios de los Maestros Propietarios, que así se llamaban. A mí me llamó una empleada de la Delegación de Barcelona para sustituir tres meses; y como yo quería ser docente no dudé en interrumpir mis estudios universitarios (ahora, a eso le llaman “practicum”) durante los tres meses que duró la sustitución. Por cierto, no recuerdo cuánto, pero sí recuerdo que era una miseria lo que ganaba, para pagar la pensión y los viajes de ida y vuelta a Salamanca.Yo necesitaba una máquina de escribir y pensé aprovechar lo que me sobrara para comprar la “Olivetti”, pero ni siquiera pude comprármela. En esos tres meses enseñe a leer a 45 niños de seis años durante el primer trimestre del curso. Lo que no sé, pudiera ser, es si estaba entre ellos el señor Mas y la señora Corulla, que habla tanto. No recuerdo si había un Mas y una Corulla en la clase, pero no me suenan extraños esos dos apellidos.

    Ah, y la máquina de escribir la compré el siguiente verano después de trabajar de camarero de un hotel, “Hotel Roger de Flor”, también en Cataluña, en Lloret de Mar, para más señas, de camarero “somelier”. El sueldo cuadruplicaba al de un maestro, más las propinas. Mis compañeros eran los mejores camareros de España, sobre todo de Canarias. No había apenas camareros catalanes. El “metre” señor Cesar, y los directivos del hotel sí eran todos de ocho apellidos catalanes. Compré una “Olimpia” con la que escribí miles de folios, y todavía la conservo como pieza de mi museo. Es mentira lo que dice M. Corulla, una burda mentira.

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