domingo, 14 de mayo de 2017

Velázquez y Picasso. ¿Nos darán permiso para contemplarlos?





Ya de puestos y aprovechando el ocio de  viajes por el extranjero vamos a seguir fisgando en libros y legajos de archivos y bibliotecas de fuera de España, para darnos cuenta de lo mal de la cabeza que andaban algunos de nuestros bisabuelos y tatarabuelos, porque los abuelos ya somos los que ahora tenemos nietos, digo yo.


Sacar  cadáveres de las tumbas, trocearlos en jirones y esparcir los cachos descuartizados: brazos por aquí, piernas por allá, cabezas por el otro lao, ya es suficiente para que cualquiera, aunque no haya estudiado siquiatría, diagnostique estos hechos como realizados por enfermos síquicos.




El que sacó  al niño, que lo dejó entero porque era demasiado reciente y todavía sus ropas olían al incienso de los funerales debía de ser el más cuerdo porque no se atrevió a trocearlo.






Como dice el francés que redactó  estos textos explicativos  en el año 1938 no había ningún motivo para ensañarse con los muertos ni con las obras de arte de valor incalculable.





Lo que ya no sé es cómo habría que denominar, los siquiatras sabrán, a los que se ensañaban con estos cuadros del  Greco, 





o esculturas de Mena:





quizá sería porque  en la mente enferma no cabe el arte para representar héroes religiosos  venerados por creyentes y admirados por ateos. Esperemos que en los ciclos  actuales  de la luna  no afloren aspectos hereditarios de aquellas personalidades, y a los amantes del arte nos permitan contemplar el “Cristo” de Velázquez y la “Crucifixión” de Picasso, seamos creyentes o seamos ateos.
Por lo menos el de Picasso mientras siga en París está a salvo. El de Velázquez ya veremos. Por si acaso  yo sería partidario de cedérselo  en depósito al Museo del Louvre antes de que un ciclo lunar influya en los lunáticos.
























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