viernes, 13 de julio de 2018

Confusión de sexo y género

Si los académicos de la Real Academia no han estudiado lingüística, apaga y vámonos. Si revisan el texto de la Constitución con “ciudadanos y ciudadanas” y perlas semejantes, entonces tengo que reconocer mi fracaso profesional, que aunque la esfera profesional no es la más importante de la vida, no deja de estar en los primeros puestos. Toda una vida profesional dando clase a seis cursos de COU de letras y de ciencias y explicando en la primera lección la “naturaleza axiomática de la arbitrariedad del signo lingüístico”  en el que sin necesidad de demostración, sólo por puro empirismo, observamos que la relación del significante con el significado no es necesaria sino arbitraria, de donde ya deducimos que las palabras no tienen nada que ver con el sexo de animales y personas. ¡Monumental fracaso de los profesores de COU de nuestra generación! Al final se imponen los más ignorantes, no hay duda, y confunden sexo con género gramatical. Y a pesar de verse en el constante ridículo, da igual, el ridículo se impone haciendo creer a la “masa” que una persona es machista  en su estatus vital y social porque con el significante “ciudadanos”  designe a hombres, mujeres, niños y niñas de una ciudad. Olvidan también la lección cuarta o quinta del programa de que el contexto,  tanto el lingüístico como el situacional, ha ido conformando las palabras a lo largo de su historia. Siempre,  o por lo menos desde hace siglos se ha comenzado un discurso: “Señoras y caballeros”, cuando el contextos de la situación así lo requiere, acuñada esta expresión en antiguas sociedades de comportamientos machistas por parte de los hombres y aceptación machista  por las mujeres en su devenir diario.
Caen en el más espantoso de los ridículos aquellos apóstoles de la confusión sexo y género gramatical cuando observan que la palabra “víctima” es de género gramatical femenino, aplicado tanto a un hombre como a una mujer, por ejemplo; o la palabra “pareja”, de género gramatical femenino, que nos sirve en la comunicación para designar a dos personas, sean hombres, sean mujeres o sean hombre y mujer. Así es la lengua y su formación a lo largo de siglos.

Para qué seguir con la idiotez del signo gráfico arroba, ”@“, el más ridículo de los signos en su aplicación que viene a cuento, cuando el mismo signo consiste en una “a” acaparadoramente envuelta por una “o”. ¡De pena! No me extraña que Arturo Pérez Reverte quiera largarse de la Real Academia si triunfan los que menos ciencia lingüística saben. No hemos de olvidar que en esta vida no siempre triunfa el bien, la verdad, el valor, la dignidad e incluso lo evidente. Se parte de un error,  y partiendo de un error, cuanto más lógico peor.  El error es la susodicha confusión de sexo biológico con género gramatical de las palabras. Y peor aún si el error parte de un terco, porque la terquedad es la cualidad de un débil pero que se mantiene tieso. He perdido la batalla. Siento no haber sabido transmitir adecuadamente a tantas generaciones de alumnos la primera lección de COU. ¡Vaya fracaso!

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