jueves, 28 de abril de 2016

Euskadi y Armenia (Danzas, músicas y atuendos)



Cuanto más observo las danzas, las músicas y los atuendos de España, sobre todo del Norte y más en concreto de Navarra y  Euskadi  —mutáis mutandis por la diferencia evolutiva de mil y pico años, desde la Edad Media—y comparo con las dandas, músicas y atuendos del viejo Cáucaso: Armenia, Georgia, Azerbaiyan y Osetia, más similitudes encuentro. No es extraño  que el Prof. Vahan Sarkisian, cuando se paseó por el país vasco se sintiera como en casa y dijera que en Euskadi las paredes le hablaban. Hay mucho que estudiar y seguir investigando. No sé si muchos  estudiantes de Letras actuales estarán por la labor. Ojalá.

 Entrevista con el Prof Sarkisian, ya fallecido tristemente.




https://www.youtube.com/watch?v=IH0HIJn1N78

Encuentro un testimonio escrito de un viajero por Georgia y Armenia, publicado en el años 2008. Es una lástima que el autor lo firme con seudónimo.



“…Luego Vano me saca el tema de los vascos, y me dice que ellos entienden algo cuando oyen hablar el euskera. A el le suena como si hubieran mezclado los distintos dialectos del kartuli –como llaman en Georgia a su idioma- junto con otra lengua. Los vascos por lo visto no entienden ni papa de kartuli.

Clavijo tambien dio fe de su paso por Georgia, que el llama Gorgania, y del habla de sus gentes: "Y los Gorganos son hombres de buenos cuerpos, y de hermosos gestos, y la su creencia es a la Griguesca, y la su lengua es apartada".

La hipotesis de que el vasco este emparentado con el georgiano es una de las mas firmes que hay, y en Georgia la estudian en la escuela como algo cierto. Siempre que digo que soy español me preguntan seguidamente "¿Vasco?".

Vano me cuenta que 'vasque' significa en georgiano 'desaparecido', y la tan aventurada como atractiva hipotesis de que los vascos puedan proceder de los colquideos que salieron en persecucion de los argonautas, una vez que estos robaron el vellocino y huyeron llevandose ademas a la princesa Medea con ellos….”

El artículo comienza así:


“Muy buenas, fauna trapisonda. Aqui va el relato de mi paso por Georgia y Armenia, dos paises de la inestable region del Caucaso y antiguos miembros de la Union Sovietica. Ambos son herederos de los dos primeros reinos oficialmente cristianos: Armenia y Georgia, por ese orden (poco despues vendria la adopcion del cristianismo como religion oficial del imperio romano), y hoy en dia conservan fuertemente su identidad, y son la marca cristiana, la barrera del Cristianismo, ante el Asia musulmana que se extiende al sur: Turquia, Iran y Azerbaiyan.”









domingo, 10 de abril de 2016

Texto para comentar


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A VER SI MUERE CERVANTES
En España pocos conocen nuestro pasado y además a casi todos nos trae al fresco.



YA se han consumido tres meses del año y dentro de dos semanas será la fecha oficial del cuarto centenario de la muerte de Cervantes, y más o menos lo mismo respecto a Shakespeare. Se ha hablado mucho del contraste, del abismo existente entre la actitud de los dos países que vieron nacer a estos autores. Del entusiasmo inglés y la indiferencia española; de la implicación de Cameron y la dejadez de Rajoy el Plasmado; del enorme programa de fastos impulsado por las instituciones británicas y de las poco imaginativas y parvas celebraciones preparadas por nuestro Ministerio de Cultura. Si me guío por mí mismo, hace ya un par de años que la editorial Hogarth me tentó a “novelar” una obra de Shakespeare dentro de un amplísimo proyecto que incluía a una veintena de escritores, cuyas “adaptaciones” serían traducidas y publicadas en numerosas lenguas. También, desde el British Council, se me ha propuesto mantener un coloquio en Berlín con un ­autor inglés, sobre Shakespeare y Cervantes, en el marco de una exposición dedicada a los dos genios. Sobre el uno o el otro se me han solicitado textos desde diferentes países, y casi todas estas peticiones las he declinado (uno podría pasarse 2016 dedicado en exclusiva a estos menesteres, y soy de los que creen que las obras perfectas no hay que manosearlas ni menos aún “reescribirlas”). Alguna aportación he hecho en España, pero para el sector privado. La única propuesta que me ha venido del público, creo, era una majadería para Televisión Española, participar en la cual habría sido menos motivo de satisfacción que de sonrojo.
Al Gobierno le han llovido los reproches, con razón. Pero ¿qué se esperaba de una administración que, durante cuatro años, no ha hecho más que empobrecer y hostigar a los representantes de la cultura? Y Cervantes, aunque muerto y bien muerto, no deja de ser uno de ellos. Eso sí, el próximo 23 de abril veremos las consabidas colas de políticos, escritores y figurones para leer en voz alta un fragmento del Quijote (pésimamente y sin entonación, las más de las veces), esa chorrada ya institucionalizada. La mayoría se hará una foto, volverá a casa muy ufana y no abrirá de nuevo ese libro en su vida. En realidad no sé por qué nos escandalizamos. ¿Por qué habría de importarle Cervantes a una sociedad ahistórica y tirando a iletrada? En España pocos conocen nuestro pasado y además a casi todos nos trae al fresco. Ni siquiera hay curiosidad. Este año será el tricentenario del nacimiento de Carlos III, el mejor Rey que hemos tenido junto con Don Juan Carlos, pero la mayor parte de los españoles es incapaz de decir una palabra sobre su figura. El conjunto de la población, ¿sabe algo de las Guerras Carlistas, que fueron tres nada menos y no están tan lejanas? ¿Sabe que en 1898 estuvimos en guerra contra los Estados Unidos? Son sólo un par de ejemplos de la ignorancia brutal y deliberada que nos domina desde hace décadas. Hace poco, el grupo socialista del Ayuntamiento quiso quitar de la Plaza de la Villa madrileña la estatua de Don Álvaro de Bazán para colocar en su lugar una –la enésima en la capital– del alcalde Tierno Galván –muy llorado, eso sí, como todos los aduladores de jóvenes–. Eso denota visión histórica y sentido de las prioridades. Los cretinos municipales del PSOE probablemente ignoran que Don Álvaro intervino decisivamente en Lepanto y en otras hazañas militares; o quizá sea eso, que sus hazañas son hoy “condenables” por haber sido militares.


Hace no mucho dije en otra columna que la actitud general de los españoles respecto al pasado viene a ser esta: “Los muertos no nos conciernen”. La gente que no está aquí, que carece de poder e influencia, que no hace el memo para distraernos, que no suelta idioteces en las redes para que reaccionemos con furia; la gente a la que ya no podemos zaherir ni poner zancadillas ni hacer daño, la que no forma parte de la bufonada perpetua que nos alimenta, del jolgorio zafio y la chanza malintencionada, la gente que no puede indignarnos porque lleva mucho o poco criando malvas, ¿qué nos importa? A los políticos, desde luego, sólo les interesan aquellos que pueden ser utilizados, o arrojados a la cara del contrario: Lorca y Machado por razones obvias, un poco Hernández y Cernuda, y pare usted de contar o casi. Pero ¿Cervantes? Ni siquiera sabemos si sería de derechas o de izquierdas, para qué nos sirve. Al Gobierno le han caído regañinas justas por su desidia, y sin embargo, ¿han oído decir una palabra sobre el autor del Quijote, en estos meses transcurridos de su año, a los dirigentes del PSOE, Podemos o Ciudadanos, no digamos a los de Unidad Popular, PNV, ERC (y eso que hay dementes muy serios que insisten en que Cervantes era un catalán más, escamoteado)? En realidad, en España se procura matar a los muertos, ya es bastante molestia que haya vivos ocupando sitio (“nuestro sitio”) como para encima hacérselo a los difuntos. Shakespeare está vivo y omnipresente no sólo en la cultura y en la sociedad inglesas, sino en el mundo entero. Cervantes no tanto, por mucho que unos cuantos todavía adoremos su simpática figura y su obra. ¿Cómo podría estarlo al mismo nivel que su contemporáneo, si en su país lo que se pretende es que se hunda de una vez en el hoyo y en el mayor olvido posible? Aquí ese es el sino de cuantos “dan su espíritu” y ya no alientan, sea desde ayer o desde hace cuatro enteros siglos.

lunes, 14 de marzo de 2016

Nacionalismo maragato



Mezclar las costumbres, los trajes regionales, los bailes y danzas, los instrumentos musicales, y las lenguas, dialectos y modalidades lingüísticas múltiples con la división del estado que tanto ha costado construir durante los últimos mil años hasta desembocar en la constitución de 1978, no puede obedecer más que intereses particulares de oligarquías que azuzan los sentimientos de quienes no hacen más que trabajar de sol a sol sin darse cuenta de que los están sosteniendo en sus poltronas.

Por la regla que miden los separatistas de toda índole, los maragatos tendríamos el doble de argumentos para tratar de destruir la unidad de España. Hay una diferencia esencial. Los maragatos desde tiempos inmemoriales hemos emprendido largas caminatas con las tartanas, hemos viajado por todo el mundo, hemos tratado de conocer y escuchar a toda clase de gentes, de saber valorar el pensamiento del contrario y gustar de otras costumbres y, por qué no, a llevar las bragas negras de raso hasta los gauchos argentinos.

Si nos hubiéramos quedado “bajo los montes” del Teleno mirándonos el ombligo allí, “submontia” > “sumontia” >"somontia">"Somoza", estaríamos pensando todavía que el traje solemne de los domingos: las polainas negras, las bragas de raso, la chaqueta y la camisa bordada y el sombrero negro, con el rodeo, la mantilla de mil colores y el pañuelo de seda, las castañuelas y el tamborín, y sobre todo “la zapateta” y "la covada", nos haría superiores al resto de los mortales. ¡Pasen señores, viajen, oigan y vean…!





viernes, 4 de marzo de 2016

Dijo Rufián que los hablantes de lengua castellana le llaman "charnego"

Cuando he visto en el telediario, que Rufían dijo a los parlamentarios que él es “charnego”, y los acusó de calificarlo como tal, considero que el susodicho personaje no tiene conocimiento de lo que debe hacer en su nuevo “status”: parlar en el parlamento y, por lo tanto, con propiedad y conocimiento de su misión, que es “parlar”, pero parlar usando bien las palabras.

Casualmente “parlar” es una palabra usada tanto en Castellano como en Catalán, si bien, más usada en Catalán que en Castellano. Las dos proceden de la platrimonial latina “parabolare”.

Por lo que dijo Rufián, descendiente de padres y abuelos jiennenses y granadinos, dio a entender que los parlamentarios no catalanes le llaman charnego. 

Este  parlamentario, no sabe o hace como que no sabe que la palabra “charnego” no es, y nunca ha sido castellana, ni ha sido usada en la historia la literatura  castellana. “Charnego” es una palabra de la lengua catalana, pero tampoco usada en la literatura en lengua catalana, salvo en alguna novela contemporánea.  Antes de generalizarse el uso de esta palabra, la usaron sobre todo los catalanes pertenecientes a la clase más burguesa como vocablo para despreciar a las gentes que iban a trabajar a Cataluña en los oficios más humildes, desde el resto de España, en los años 1950, 1960  y 1970 cuando el gobierno de entonces había favorecido crecer la industria en Cataluña. 


A que no… a que ningún español, sea de Vitigudino o de Gadiix o de Pola de Lena, ha oído nunca ni a sus padres ni abuelos, ni a nadie de su pueblo usar la palabra “charnego”. No hace falta ser lingüista para  certificar la evidencia.

miércoles, 24 de febrero de 2016

"Sobaco" quiere decir "bajo el brazo"

Etimología de la palabra “sobaco”

Durante el siglo XIX de desarrolló un movimiento de estudios lingüísticos que propugnaba la evolución de la lengua según leyes ciegas y estrictas que si no se cumplían era porque no se investigaba suficientemente. Pero no. No siempre la evolución de las palabras obedece a leyes ciegas fonéticas.

Desde la evolución del latín vulgar al romance hay varios caminos, y en ese camino hay pérdidas y cambios de elementos tanto vocálicos como consonánticos. Así, por ejemplo la palabra “monte”  parecía obedecer a que la “n” ante consonante se conservaba indefectiblemente, como en “fuente” “puente” etc.  Sin embargo el latín vulgar no evoluciona así, en palabras como “Somoza” que es una región leonesa que está bajo los montes (sub- montia”) Ahí desobedece a las leyes de la fonética ciega. 

De la misma manera y como publicó en su tratado de “Latín vulgar”, Grandgent en 1907, la palabra “brazo” obedece a una ley fonética de la conservación en toda la Romania, de esa “r” y de la palatalización de la velar. ( Vaya, no quería utilizar términos que confundieran a quien no haya estudiado lingüística y no he sido capaz) 

Sigamos diciendo que la palabra latina vulgar “bracchiu” evoluciona a “brazo” sin embargo, cuando en la conversación coloquial familiar se referían a lo que está bajo el brazo, empezaron diciendo “sub bracchiu” (pronunciaban [subbrakiu] );y se fue convirtiendo en “su-ba-co”  y en  “so-ba-co”, habiendo perdido popularmente la “r” y habiendo conservado el sonido “k” de “cchio” > co”.

Por eso, mientras no se demuestre lo contrario y a pesar de que la Real Academia dice que “sobaco” tiene una etimología incierta, vamos a dejar sentado que proviene de “sub bracchium” mientras no se demuestre otra cosa. Esta es la más coherente.


jueves, 18 de febrero de 2016

El maragato

Después de la guerra de Napoleón, España quedó aplastada a pesar de haber expulsado a sus tropas de nuestra tierra. Sólo quedó el orgullo y las hornacinas vacías del arte que arrancaron los soldados franceses y se llevaron no se sabe dónde. 

Hambre es lo que quedó en los pueblos y cortijos. Para entretener el hambre, el carácter español reinventó bailes a ritmos de cualquier cosa que hiciera ruido, siendo la pandereta el más sofisticado de los instrumentos.Pero lo peor fue entretener el hambre, para lo que no hubo más remedio que robos nocturnos de unos a otros españoles.
 Al cabo de unos años, los señoritos franceses  ataviados con finos muarés, y provistos de  plumines de oro con palillero de plata quisieron venir a ver qué había quedado de la desolación que sus padres y abuelos, soldados de Napoléon, habían sembrado por nuestros pueblos. Y se inventaron una infamia: Nos llamaron despectivamente “la España de Charanga y pandereta” frase tan repicada posteriormente por escritores y poetas de toda laya. Pero fue una creación, un invento de  un grupo no muy numeroso de franceses “intelectuales” y rencorosos. No fueron todos así, porque  buenos escritores franceses y otros artistas como el dibujante Doré, recorrieron España haciendo reportajes de nuestras gentes y costumbres, que publicaban en revistas y periódicos en Francia. como por ejemplo  “Nouvelle  Revue Internationale”
En un número especial de esta revista titulado “L`Espagne” escribió nada menos que nuestro malagueño Salvador Rueda un artículo “epatante” sobre “El maragato”, como si hubiera sido él uno de tantos viajeros que hollaban caminos soleados y polvorientos por tierras de Maragatería.  No se conocen más viajes de nuestro ilustre periodista, por otra parte meritorio, no cabe duda dado su esfuerzo intelectual evolucionado desde las duras fincas de higos y almendras de la Ajarquía malagueña a la Capital de España y al Caribe incluso. Es de suponer que, en Madrid, vio de lejos a algún arriero maragato con sus mulas y tartanas y lo describió a su manera sin más perfil que unas rudas pinceladas y falsificaciones y sólo de su indumentaria. Lo describió así: “Calza alpargatas atadas con cordones negros”, confundiendo las alpargatas con los zapatos de oreja que siempre vimos en la maragatería. Y sigue el infundio: “…medias negras que llegan hasta las rodillas”, sin haberse fijado que nunca llevó el maragato medias negras sino polainas de paño cerradas y sujetas por cintas de colores. Y sigue describiendo don Salvador Rueda: “ Pantalón negro también”, no se fijó el vate Salvador en que no lleva pantalón  el maragato sino bragas bombachas de raso y que el nombre a esta prenda se lo pusieron los rubios visigodos, y el origen de la confección es de suponer que provenga de los confines del oriente en tiempos pasados. Y sigue escribiendo disparates: “ faja del mismo tono sombrío”, confunde la faja de otras zonas de España, con el ancho cinto de cuero bordado con sedas de vivos colores, y leyendas de amor también bordadas por su maragata tomando el fresco en el poyo de la puerta.

No contento con estos disparates sigue insistiendo: “…chaqueta, chaleco y corbata de color idéntico (si puede llamarse color a lo negro); la corbata parecida y el sombrero más negro aún, si esto es posible, que las medias, el pantalón, la faja y la chaqueta. Este hombre es un borrón. Parece una sombra chinesca. Diríase que lo han sumergido en un tintero: Personaje errante, solitario y mudo, recorre Madrid como la visión de una pesadilla fúnebre. La gente se vuelve para mirarle, y, cuando desaparece en el fondo de la calle, su silueta nocturna y siniestra se fija en nuestra memoria como si la hubiese trazado negrísimo lapicero.”

Pues sigue equivocándose de medio a medio: El cinto  bordado rodea la chaqueta-coleto,( es decir: que llega hasta la cintura) sin cuello ni botones, abierta y acordonada por delante a manera de justillo  con fuerte torzal de colores, y dejando ver el chaleco rojo granate, que sube hasta cerca del cuello y se abrocha con afiligranados botones de muletilla. El sombrero, de ancha ala, lleva alrededor de la base de la copa un grueso cordón de sedas de colores, que termina en dos grandes borlas o colgantes algo parecidos en su forma a los del sombrero episcopal. Nunca ha usado el maragato corbata ni nada que se le parezca. Sería eso tan ridículo como si un malagueño vestido de corto se pusiera un sombrero de copa.

El traje de maragato, goza de una combinación de colores vivísimos, paleta de los más insignes pintores de la historia, enmarcados eso sí por la elegancia del negro eterno en todas las indumentarias que se precien. El traje maragato es serio, eso sí, pero no fúnebre ni lúgubre. Pero mejor que describirlo yo es hacer mía la descripción de nuestro paisano de Astorga, Alonso Garrote, contemporáneo de Salvador Rueda:

“El traje de maragato “no tiene nade de sombrío. Es serio, pero no lúgubre; y como notas de color, que alegran la vista, figuran en él las anchas ligas, el original cinto, el chaleco rojo y los cordones de las bragas de la chaqueta y del sombrero, sin contar la pechera ni el albo y festoneado cuello de la camisa, pacienzuda y popular obra de arte. No hay, pues, Señor Rueda, motivo alguno para hablar de figuras negras y medrosas, ni abusar del hollín en el cuadro; porque entre la silueta airosa de un maragato y la enfundada persona de un “elegante” de frac, me quedo con el maragato, menos negro que el otro, y por lo tanto menos tétrico, menos fúnebre y menos pájaro frito que el smart con traje de etiqueta. 

En cuanto a la idiosincrasia del maragato, la opinión del señor Rueda no es menos errónea que la descripción del vestido.

El maragato no es errante, ni solitario, ni mudo. Sabe adónde va, es sociable, y si no tiene la locuacidad del andaluz…, …habla lo suficiente para que todo el mundo le entienda…

El maragato es el prototipo del industrial y del comerciante. Hijo de una comarca donde la tierra produce apenas lo indispensable para vivir, no se tumba a la larga debajo de un chopo, con la estoica indolencia de un árabe, ni entretiene el hambre con guitarreos y jipíos; puesto que la montaña no va hacia él, la busca y la encuentra. Trafica en todo cuando es lícito, por heterogéneo e innecesario que parezca, y en su afanoso ajetreo no le arredran las distancias ni conoce la pereza. Sobrio y gastrónomo, según caigan las pesas; económico, activo, trabajador y honrado, ya quisiera nuestra madre España tener en cada provincia una Maragatería. ¡Verían ustedes, Madam Rattazzi y señor Rueda, como los españoles echábamos otro pelo más lucido!”

Lo que no llegaron a investigar los románticos y los modernistas fue que los "verdiales" que sin duda conocía Salvador Rueda no son ni más ni menos que danzas adaptadas, indumentarias de colonizadores maragatos en tierras moriscas malagueñas a partir del siglo XV y ramos de flores  de tocados maragatos con cintas de colores colgantes de los tocados. Los violines ya se adaptaron dos siglos más tarde cuando los trajeron los italianos a tierras malagueñas. Todavía hoy día se conservan vestigios de danzas maragatas de chavalas y chavales.

Seguro que Salvador Rueda tampoco supo entender el alarde de la "zapateta" del baile del maragato delante de su amada.



viernes, 12 de febrero de 2016

La lengua maragata, lengua olvidada.

https://steemit.com/spanish/@jgcastrillo19/la-lengua-maragata-lengua-olvidada

Poco tengo que añadir a las publicaciones de intelectuales astorganos como Juanjo Perandones, acerca de escritores y artistas del final del siglo XIX y principios del XX, cuando mi abuelo, maestro de Brimeda junto con todos los maestros de la comarca proporcionaban a Santigao Alonso Garrote, vocablos y expresiones, hoy perdidas, de Astorga  y alrededores, para componer sus tratados de lingüística. En 1904 aprendió a leer el último analfabeto de Brimeda. Y mi abuelo corregía el habla ancestral de sus alumnos en aras del uso académico del Castellano. No sé si para bien o para mal, aquellos maestros de monarquías y repúblicas erradicaron la lengua maragata y de la Cepeda con el afán de unir a los españoles de todas la regiones, prescindiendo de la lengua propia o apartándola del uso oficial al menos.  En los "cantones"  donde no había suficientes maestros en los pueblos se conservaron las lenguas diversas y no hubo ese afán de unción de los pueblos a través de  la lengua. No se sabe si eso es bueno o es malo, que hay para todos los gustos. Lo que es cierto es que la diatriba actual viene de lejos, siempre con la misma cantinela que políticos más o menos conspicuos tratan de estirar o encoger según sus conveniencias. Algún día se asentarán estas divergencias de una manera o de otra.  Como dice el mismo Alonso Garrote en su libro “Astorganerías” en los cantones cada cual barre para casa. Hay quien cree que la expresión "corto y pego" es cosa moderna inventada por los informáticos. No, no, ya viene del siglo XIX, Así:



Alonso Garrote Santiago. a)"Astorganerías" Astorga.1924, Imprenta de Magín G. Revillo.
b)"Dialecto vulgar leonés hablado en Maragatería y tierras de Astorga. Astorga 1909, Imprenta y Librería de P. López.