domingo, 13 de abril de 2014

Béjar, topónimo beréber-armenio


La actual iglesia del Crucifijo, en Puente la Reina, a 26 kilómetros de Pamplona, fue anteriormente denominada como “Santa María de Hortis”, “Nuestra Señora dels Ortz" o “Nuestra Señora de los Huertos”. Algunos autores defienden el origen de este apelativo por su ubicación en el “Barrio de los Huertos”, mientras otros creen que representa un símbolo Templario en honor a la Madre Tierra.
La imagen original de Nuestra Señora de los Huertos desapareció en 1834 cuando la iglesia se utilizó como polvorín de guerra. Pero no debemos de olvidar que está ubicada a la orilla del río más caudaloso de  Navarra. 
No conocemos ninguna descripción de la imagen aunque debemos suponerla de madera negra como todas la imágenes medievales y asiáticas que se han descubierto a lo largo de la historia.
  La denominación “La Virgen dels Ortz", con sus variables fonéticas de origen vulgar-popular “Ortis”, ha sido interpretada erróneamente como “La Virgen de los Huertos”. Más bien hay que interpretar como la “Virgen de las Aguas”.

El mismo tratamiento tendría el nombre del monasterio de "Santa María de Huerta", en Soria.

        Si no contáramos más que con esta palabra aislada, nuestras dudas  en cuando a su origen seguirían perennes, pero considerada en un contexto amplio lingüístico-histórico podemos vislumbrar caminos ciertos si consideramos el fuerte adoctrinamiento de los armenios y de su Teología Mariana sobre los cruzados, a los que les hacían encomendarse a la Virgen en las duras batallas de Oriente. Y más tarde a los templarios que defendían y custodiaban a los cruzados, haciéndose cruzados ellos mismos. 

         Los cruzados, los templarios y los armenios inundaron Francia y España de imágenes de la Virgen con el Niño, con tez morena con rasgos de mujer armenia y corona decorada con gruesas piedras preciosas al estilo asiático. El “souvenir” o recuerdo que traían a Europa era una talla de la Virgen a la que se habían encomendado y por la que creían firmemente que habían vencido en sus duras y cruentas batallas. Fueron tantos los éxitos bélicos que inundaron de vírgenes “negras” el continente europeo.
Con el exterminio de los templarios, todo lo que estuviera contaminado de cercanía templaria era denostado y despreciado, de tal manera que se destruyeron, se quemaron o se guardaron o se enterraron o transformaron esas cantidades de imágenes, aunque se conservaron algunas que con el correr del tiempo se han ido desenterrando, pero sobre todo, lo que encontramos ahora son restos lingüísticos en denominaciones como esta de la “Virgen dels Ortz”.
En armenio antiguo y moderno, “urti”, significa  abundancia de agua. 
En algunas de los 20 euskalkis (modalidades del euskera) la misma palabra significa también abundancia de agua, corrientes de agua y fuentes de mucha agua, en definitiva “aguas”.
En la época medieval del castellano naciente, la “u” breve tónica, según la corriente de la evolución de todo el vocalismo latino vulgar evoluciona a “o”, y los préstamos que se adhieren en esa época medieval participan de los mismos fenómenos evolutivos,  así que no es extraño que en el norte de España esa “u” evolucionara a “o”
Y la  “i” final se pierde con absoluta facilidad, o  bien, mantiene su articulación palatal titubeante entre consonante y vocal. De ahí que “urti” -que era el vocablo armenio que introdujeron los canteros  devotísimos de la Virgen, que traían junto con sus amicísimos cruzados y templarios, en la zona de Provenza y Reino de Aragón, que comprendía también la actual Cataluña-, se conservara en la lengua vasca como “urt” o “urti” y al designar a la Virgen al lado de un río caudaloso, se le llamara la “Virgen dels Orti” o la “Virgen dels Ortz”.
No es extraño que esta denominación se propagara con repoblaciones medievales  venidas de Francia y norte de España en oleadas humanas que ocuparían toda la zona de la Peña de Francia y la Sierra de Béjar, por lo que es explicable que aparezcan en esta zona nombres de santuarios o ermitas bajo la advocación de “La Virgen de Ortis”, transcrito por los clérigos  de un siglo más tarde como “Virgen de los “Huertos”, o “de las Huertas”, o “Santa María de las Huertas”. 
Pero en la Sierra de Béjar no son precisamente las huertas las que conforman el terreno como en extensos valles llanos, sino las rocas, las fuentes cristalinas, las aguas en definitiva.
Habría que investigar en Béjar arqueológicamente y paleográficamente el santuario de la Virgen del Castañar,  al lado de torrentes cristalinos que forman el río Cuerpo de Hombre, para comprobar si en siglos lejanos se llamó: “La Virgen  de las Huertas”, y  si hubo alguna imagen medieval morena, asiática, como todas las vírgenes de madera negra.
Desde mitad del siglo XIII  se venera en Villaverde del Río,  al lado del Guadalquivir, una pequeña imagen de no más de 12 cm. morena por cierto, y talla  con corona de bastas piedras preciosas, asiática en su arte, de Asia Menor, armenia para más señas. ¿Qué duda puede caber de que un intrépido templario la portara como mascarón de proa en la testuz de su caballo en la conquista de las riberas del Guadalquivir formando parte de las huestes del Rey Fernando III después de haber venido de Asia? Desde entonces, allí se venera donde se encontró, y donde la devoción popular ha adornado con múltiples leyendas. 
En una sociedad teocéntrica como la cristiana medieval,  de los recuerdos que podía traer un cruzado o un templario de tierras asiáticas, nada podía ser más estimado que una imagen tallada en madera oscura de una virgen armenia, de nariz larga y bellos ojos  grandes y rasgados.

Ahora bien, el templario que portara la imagen desde las tierras vasco-navarras hasta el Guadalquivir, tampoco dudó en propagar la traducción de su significado originario  de la “Virgen de las aguas abundantes”; y ya se encargó, a su vez, la devoción lugareña y popular de santificar las aguas para sus cultivos y orientar su devoción religiosa bajo la advocación de la “Virgen de las Aguas Santas”, en Villaverde del Río, en Sevilla. Es la misma “Virgen de los Huertos” en Fuente la Reina al lado de Pamplona, o que la posible “Virgen de las Huertas”por los alrededores de Béjar.
Tras el largo periodo de la Béjar musulmana,  (tengamos en cuenta que serían bereberes los que conquistaron Béjar en el año 713) sucede el episodio de los bejaranos vestidos con musgo para reconquistar la ciudad  que pasa  al dominio cristiano, y es precisamente en esta época en la que aparece  la denominación de la “Virgen dels orts”  que  por un proceso de la consabida etimología popular pasaría a denominarse “de las Huertas”, aunque hiciera referencia a las aguas abundantes del río de Béjar que nace en Hoyamoros  en los restos del glaciar de la sierra de Candelario, y se precipita furioso entre grandes guijarros.

Hay que seguir investigando la cantidad de  imágenes de “vírgenes negras” que aparecen  en Francia y España a partir de  la Edad Media, porque la Edad Media es el periodo que más secretos esconde de nuestra historia.

Por otra parte, hemos de considerar los agrupamientos beréberes del norte de África, como descendientes de cristianos caucásicos desplazados por las persecuciones que sufrieron  desde el comienzo del Cristianismo como religión oficial de Georgia y Armenia. al comienzo del siglo IV que se prolongaron durante toda la Edad Media, sobre todo a partir del siglo VIII. Algunos pueblos beréberes, durante la Edad Media, se extendieron por algunas zonas de nuestra Península.
Como no hay documentación directa de los atuendos de estos pueblos, hemos re recurrir a evidencias aunque sean indirectas, como tatuajes con la cruz de doble brazo o la orfebrería en atuendos femeninos.
Hay que destacar que el botón charro de plata de tierras de Salamanca sí que está documentado en fotografías del final del siglo XIX y principios del XX en mujeres beréberes africanas, signo inequívoco de una relación directa de los beréberes con el campo salmantino incluso antes de la fundación de Béjar, población fronteriza en el siglo XIII.
Abundando en otros aspectos como el lingüístico, tomemos el topónimo Béjar y tratemos de disecarlo por ver si añadimos elementos que confirmen nuestras hipótesis: todo parece indicar que el punto de encuentro de los descendientes de los cristianos perseguidos  en Georgia y Armenia, aun sin saberlo, confluyen en tierras salmantinas, las comprendidas entre Puerto de Béjar y los Arribes del Duero.
Muchas vueltas se le ha dado a la etimología de Béjar desde Menéndez Pidal  hasta mi maestro de Toponimia en la Universidad de Salamanca Don Antonio Llorente Maldonado sin resultados concluyentes. Al hilo de esta exposición, tengo que proponer la siguiente: procede de la composición de dos palabras. Una beréber, de una tribu del norte de África "bej-" que significaría "alto" o “elevado” Otra prestada del árabe  al beréber: “Sjar” que significa piedra. Por lo tanto, la originaria “Bejsjar” debió de significar “piedras altas” localizadas en la montaña.
Lo más desagradecido de una hipótesis de trabajo como esta es que no existe documentación escrita y tenemos que movernos entre investigaciones indirectas para concluir que la conquista de Béjar para el Rey cristiano la llevaron a cabo los “eusk-armenios” del norte contra los “bereber-armenios” del sur cuyos ancestros de ambos grupos, siglos antes de que sus descendientes se disputaran la ciudad de Béjar,  lucieron en Asia los mismos collares de medallas y los mismos  botones charros.

 Mujer armenia





Mujer beréber (Fijarse en el detalle del botón charro)

Nota: Después de publicar este artículo, me ha llegado información sobre la Iglesia de  “Nuestra Señora de las Huertas” junto a la muralla de Béjar, y sobre la Virgen del Castañar, reflejada en la “Historia de Béjar" del eminente intelectual y sacerdote don José Luis Majada Neila, que compatibilizó su labor de historiador con el ministerio sacerdotal en Béjar. (pag. 101, 105 y 106) de donde se extrae que, efectivamente, la imagen de la virgen  bejarana fue negra, avalada por canciones populares que utilizaron el eufemismo “morena” además de otras referencias bibliográficas.

Morena de las morenas
la Virgen del Castañar
en la hora de la muerte
ella nos amparará.







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